Historia miope

Un amigo, al que tengo por más o menos sensato, afirma que Donald Trump es el mejor presidente estadounidense de la historia por sus cifras de paro. Al poco comienzo a ver otro documental sobre la Segunda Guerra Mundial, bien montado, moderno en sus vetustas imágenes, pero con los tópicos de siempre, muchos de ellos superados, a veces incluso falsos. Un poco más de Historia miope.

Todos sabemos que Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. Pocos quieren recordar qué hizo la Unión Soviética. Japón, queda demasiado lejos. Luego los nazis avanzaron por Francia y media Europa. El Reino Unido y su imperio aguantaron. Y todo comenzó a cambiar de rumbo cuando entraron en liza Estados Unidos y la Unión Soviética.

Historia miope.

Ciertamente, para entender el curso de los acontecimientos y apreciar el aprendizaje que se puede obtener de la Historia, mucho más interesantes y mil veces más apasionantes son los lustros anteriores al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué Hitler llegó al poder? ¿Habría sobrevivido la República de Weimar incluso sin que ocurriera la Gran Depresión? ¿Cuánto se admiró a Hitler durante los años 30?

Por ejemplo, antes de la Gran Depresión, en Alemania había dos millones de personas sin trabajo, sin sustento. Y el Estado de bienestar planteado en Weimar apenas podía dar ayudar a 700.000 alemanes. ¿Durante cuánto podría haberse sostenido un sistema insostenible?

Por otro lado, se suele hablar de la eficacia nazi, cuando aquella Alemania era caótica, siempre en huida hacia adelante, pues solo la guerra podía librarla de la quiebra absoluta. En este sentido me parece indispensable ver Project Nazi: Blueprints of Evil, magnífico documental que comenta los disparates económicos y propagandísticos de la Alemania de Hitler.

Es en las causas y en las consecuencias donde reside la importancia del aprendizaje histórico. Y en la superación de los falsos mitos. Todo lo demás, Historia miope.

Pero ni en institutos ni en televisión ni en la sociedad en general se puede atisbar mínimamente los numerosos avances que se han logrado en los estudios históricos universitarios. ¿Para qué, si no tienen utilidad directa?

Así nos va. Sigamos con la Historia miope, y dejemos que los nuevos "salvadores" engañen incluso a la que podemos considerar gente sensata.