Deshonra y desprestigio

Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Carmen Montón… lograron sendos másteres universitarios dignos de He-Man y Skeletor. Ahora, según ABC y otros medios, se descubre que la tesis doctoral de Pedro Sánchez pudo ser un plagio nada hábil –el presidente del Gobierno niega las acusaciones, pero el asunto huele peor que la Dinamarca de Hamlet–. Aquellos, en la Universidad Rey Juan Carlos, pública. Este, en la Camilo José Cela, privada. La deshonra que acompaña a estos cuatro casos es abrumadora, indignante, cabreante.

Porque, antes de nada, muestra cómo, por pura soberbia, nuestros políticos gustan de jugar a la inveterada costumbre española de engordar el currículum. Pura soberbia porque, a diferencia de sus compatriotas, ninguno estaba especialmente necesitado cuando decidió aceptar la prebenda, las enormes facilidades que se les dieron para conseguir un inmerecido título superior.

Pero no debemos pensar que estos tres másteres y el doctorado son casos aislados. Para nada. De manera similar a lo que ocurre con la droga incautada por la Guardia Civil, estos son los cuatro casos que, hasta la fecha, hemos descubierto… y ello tan solo porque interesaba a sus rivales políticos. Su deshonra… desborda los límites casuísticos para poner en sospecha, de momento, a dos de las muchas universidades españolas, de todo menos prestigiosas.

No hay duda de que mal está que estos cuatro sujetos hayan cometido tamaña tropelía. Pero, en el fondo, tan solo se han aprovechado de un sistema que permite –incluso fomenta– la trampa. Conozco a Graduados, a “Remasterizados”, a Doctores… que no saben hacer la O con un canuto… ni siquiera en asuntos relacionados con sus respectivas disciplinas.

Pero el foco de la corrupción académica –somos un país corrupto en muchos sentidos, no solo en el económico– nace de los distintos centros universitarios. Esta nueva “banda de los cuatro” poco o nada podría haber hecho sin la colaboración –¿invitación?– de las propias universidades. ¿Cuántos casos similares ha habido? ¿Sigue habiéndolos?

Cuando se realiza un Trabajo de Fin de Grado, un Trabajo de Fin de Máster o una Tesis Doctoral, hay un director que supervisa los trabajos del alumno. Y luego se defienden ante un tribunal que debe analizar y evaluar la calidad, originalidad y valía de la investigación presentada. En estos cuatro casos hay más de una o dos personas implicadas. Bastantes más.

Nuestras universidades no gozan precisamente de gran prestigio internacional. Más bien al contrario. Ahora, con la deshonra de tan eximias personalidades, llega la hora del desprestigio. Desde luego, la Rey Juan Carlos parece inapelablemente manchada. Pero, ¿podemos fiarnos de un sistema cuya única supervisión descansa en una ANECA tan politizada como inútil?

Porque, ¿qué pasa con la endogamia y el corporativismo de la universidad pública? ¿Y con esas privadas –también ocurre en muchas públicas– en las que alumnos que apenas saben escribir consiguen un título superior? ¿Y con los centros que rinden pleitesía al poder? ¿Por qué tantos doctores, como Don Pedro, lo son Cum Laude?

El problema, sobre todo, reside en que en España hay demasiadas universidades. Muchísimas más de las necesarias… y no hay talento suficiente para llenar tantas plazas de profesorado. Pero, por otro lado, son suculentas sinecuras con las que colocar al afiliado, colega o familiar de turno.

La deshonra, de momento, mancha a dos universidades españolas. Pero hay mil asuntos más que cubren de desprestigio al sistema universitario español… Y aún no nos damos cuenta de que algunos títulos valen más que otros, que de algunas facultades sí que puedes fiarte… mientras que de otras es mejor salir huyendo… salvo que te den plaza de profesor honorífico… como al ilustre Pablo Iglesias –el de ahora–.

P.S.: Por otro lado, es harto pertinente que nos distraigamos con estos asuntos. ¿Alguien se acuerda de Cataluña?