Serena y otros endiosados

Todo estaba preparado para que igualase el récord de 24 Grand Slams ganados por Margaret Court. Nueva York anticipaba una victoria que convertiría a la tenista local en gloria nacional, internacional, universal. Pero la otra finalista, la joven japonesa Naomi Osaka, les aguó la fiesta. Y, ante la derrota, Serena Williams se hizo con el protagonismo al montar un numerito digno del más enfurecido John McEnroe.

Después de que el árbitro la sancionase tres veces durante el partido –en una ocasión perdió un juego por llamarle “ladrón”– Serena ya ha levantado la voz del sexismo. Según su versión de los hechos, se la ha castigado por ser mujer… y no por su comportamiento. Aunque, después de ver el vídeo de la final, lo sorprendente es que se le permitiese terminar el partido.

¿Sexismo? Lo dudo. Las hermanas Venus y Serena Williams entraron en el circuito llenas de arrogancia y malos modos. Entonces denunciaron el racismo imperante en el mundillo del tenis, aunque lo cierto es que ellas eran las dos únicas que no se “llevaban” con el resto del mundo.

Pero, gracias a su portentosa condición física y a su soberbio tenis, pronto callaron voces y tranquilizaron sus propios ánimos, pues las incesantes victorias acallan, incluso, los espíritus más calientes y maleducados.

Pronto, con sus vertiginosas cifras de triunfos, Serena se convirtió en la gran “dama” del tenis. Y hasta olvidó sus malos modos en numerosos momentos de su carrera. Como suele ocurrir, la sociedad y el periodismo deportivo construyeron una suerte de fantástico mito en torno a su figura. Serena Williams, por su superioridad, era de otro mundo.

Hasta que la realidad le golpeó de lleno el pasado sábado. Ante la derrota, frente a un golpe de realidad, dejó escapar su frustración con los peores modales. Algo que puede considerarse hasta lógico… pero no cuando, ya en frío, continúa defendiendo su penosa actitud, el pésimo ejemplo que dio al mundo entero.

Mundo que, por otro lado, está dispuesto a aceptar sus palabras –sus excusas, pues creo que no son otra cosa– antes que la sensatez o el sentido común –asombran los numerosos apoyos que ha recibido Serena por parte de grandes figuras, presentes y pasadas, del tenis, y por su propia federación–. Después de todo, entre todos hemos glorificado a Serena Williams.

Pues, en definitiva, alabamos y rendimos pleitesía a otros ídolos deportivos que destacan por su soberbia y sus malos modales… como Cristiano Ronaldo, cuyo ego ha superado incluso al de los antiguos habitantes del Olimpo. Pero ahí está, vendiendo más camisetas que nadie y recibiendo los parabienes de medio mundo.

Mal camina una sociedad que eleva a los altares a personajes cuyo comportamiento supera con creces la más elemental zafiedad. Pero, no nos preocupemos, que Serena Williams gozará del respaldo de los teóricos del resentimiento que prefieren creer en monstruosas conspiraciones antes que en el sentido común.

E inevitablemente, Serena volverá a gozar de un generalizado respaldo cuando, ineludible y esperadamente, iguale el récord de Court… como lo recuperará Cristiano en cuanto vuelva a meter goles.

Así de simples somos.

P.S.: Es harto tentador trasladar mi reflexión a aquellos que, de algún modo u otro, llegan al poder. También ahí se pierde el sentido de la realidad, ahí también se intentan justificar los propios errores con las más arbitrarias explicaciones.

P.S.S.: Si, como Martina Navratilova afirma, existe doble rasero a la hora de castigar a las tenistas, no se trata de permitirlas más, sino de castigar adecuadamente a sus colegas varones. ¡Basta ya de malos modos en el deporte!