Diferentes usos y costumbres

En España hemos declarado la guerra al plástico, sobre todo a las bolsas de la compra. Bien. Debemos cambiar drásticamente nuestros usos y costumbres para dejar de contaminar a la Madre Tierra. Entonces, ¿por qué en los trenes daneses encuentras, gratis, pequeñas bolsas de plástico en las que depositar los desechos antes de tirarlos a la basura?

Parece contradictorio, pero no lo es. En primer lugar, dichas bolsas, de plástico, son biodegradables. En segundo, en cada rincón de Dinamarca, sobre todo en estaciones, encuentras bien visibles lo que en España venimos a llamar puntos limpios.

En concreto, ¡es impresionante el despliegue de cubos para reciclaje que antes del control de seguridad encuentras en el aeropuerto de Copenhague!

Por supuesto, para jugar así tus cartas debes contar con una ciudadanía responsable que, indefectiblemente, recicla… siempre, en cualquier momento, en cualquier lugar. Son los usos y costumbres, y no las imposiciones, los que convierten un país en civilizado.

Al otro extremo se encuentra lo del fumeteo. En Copenhague y alrededores, al igual que en Lisboa o Berlín, encuentras bares en los que se puede fumar. A veces en pequeños rincones bien delimitados, pero en otras abiertamente, en cualquier rincón del local.

Sorprende que aquí seamos tan antitabaco y ni sospechemos que en Dinamarca, Alemania y Portugal haya bares para fumadores.

De nuevo, la cuestión reside en el comportamiento de los ciudadanos de dichos países. No me topé con ningún ambiente cargado, irrespirable.

Aquí jugamos, por tradición, a ser más papistas que el Papa. Acabaremos con las bolsas de plástico… pero de poco servirá si no nos tomamos en serio todo el proceso de reciclaje de basuras.

Lo de prohibir es necesario en una sociedad civilizada. Pero, creo, se consigue mucho más desde la educación en usos y costumbres desde la más tierna infancia.