Pastoreo digital

Retrato de Erasmo de Rotterdam realizado con papel maché en el siglo XVI. Se utilizó como propaganda durante la Reforma. |

No hay peligro: el pueblo se muestra conforme aunque los políticos se repartan incluso parte del pastel privado, como bien muestra ahora la esposa de Don Pedro Sánchez. El pueblo se siente confortable gracias al fútbol, las modas, los influencers y las numerosas redes sociales. Tan plácido y borreguil se muestra el pueblo que ha llegado el momento del auténtico y pleno pastoreo digital.

Ciertamente, el uso de redes sociales se ha convertido en parte inherente a nuestras existencias –me incluyo–. A menudo es más importante colgar una foto en, por ejemplo, Instagram, que la foto en sí misma. Y muchas veces se presta más atención a las noticias que los colegas comparten en Facebook que a lo que publican los periódicos digitales más o menos serios –que son pocos–.

Sí, pasamos muchas horas pendientes de nuestros móviles, tabletas y ordenadores, muchísimo tiempo “colgados” de los perfiles propios y ajenos.

Y, como papá Estado no puede estar pendiente de todo, las propias tecnológicas y derivados se han propuesto controlar el consumo de datos para evitar que perjudiquemos en demasía nuestras redes neuronales.

Todo comenzó cuando ocho ex empleados de Google, Facebook o Twitter se unieron para presionar al gobierno estadounidense para que regulase el sector de manera más restrictiva, entre otras cosas para controlar el contenido y evitar las noticias falsas y demás bulos internáuticos.

Además, según estos tipos, pasamos demasiado tiempo delante del Black Mirror, con el añadido de los numerosos y aún no definidos efectos secundarios.

Como afirma Lynn Fox, ex responsable de comunicación de Google y Apple, “es muy complicado conseguir que la gente entienda por qué la tecnología genera daños”.

A saber, el pueblo está contento… pero indefenso… de ahí que necesitemos a alguien con cerebro y lucidez –la nueva aristocracia digital– para que inicie el pastoreo que nos proteja de nosotros mismos.

El asunto no es baladí. Las propias tecnológicas van a implementar herramientas que nos permitan regular el consumo de datos, de redes, de postureos. Google lanzará una plataforma que nos permita controlar el tiempo que pasamos utilizando diferentes apps y, simultáneamente, activará alertas para que nos tomemos descansos. Y Facebook cambiará su algoritmo para que aparezca menos contenido promocional y así el rato que pasemos en la red social “sea un tiempo BIEN empleado”, en palabras de Zuckerberg.

Afortunadamente, como en Roma, como en Moscú, como en Welthauptstadt Germania… aparecen nombres y mentes ilustres que nos permitirán olvidarnos y, sobre todo, protegernos de nosotros mismos. El pastoreo digital es justo y necesario porque el espectáculo debe continuar –con las dosis justas de soma, no vaya a ser que se rebele la casta de los épsilon–.

En cuanto a mejorar la educación, el autocontrol, el espíritu crítico del ciudadano… ¿Para qué si ya nos dirán qué está bien y qué mal en este fútil mundo de virtualidades varias y suma estulticia?