Con amor, Simon

Cuando un filme sobre un adolescente homosexual que no se atreve a salir del armario recauda más de 60 millones de dólares, el asunto trasciende los terrenos artísticos y comerciales. Ciertamente, Con amor, Simon se ha convertido en un fenómeno de masas, sobre todo entre los jóvenes que anhelan que la homosexualidad se convierta en un asunto cotidiano, sin nada de extraordinario.

Se ha vendido que Con amor, Simon es una comedia romántica de instituto más, solo que con un protagonista gay. Para nada. La película se sitúa en el terreno del melodrama, en el tono meloso de un telefilme alemán de sobremesa. Hay instituto, en ocasiones humor, pero es difícil concebirla como una auténtica comedia.

El único elemento con clara intención cómica es la presencia de unos cuantos personajes extremos. El subdirector del instituto, el papá atlético y torpón, el amigo deportista, el imbécil redomado… son secundarios típicos de una comedia de instituto. Pero no por la presencia de lo estrambótico entramos en los terrenos del humor.

Aunque se intente crearlo a partir de unos personajes principales también excesivos. El protagonista –que, actor y personaje, es perfectamente intercambiable con el Clay Jensen de 13 Reasons Why, aunque este sea hetero– carece de personalidad, salvo que contemos sus infinitas inseguridades. Y sus amigos son tan planos como exagerados. Y todo el entorno recuerda a un mal sueño de novela barata alternativa de los 60.

Es decir, en Con amor, Simon no hay un solo personaje mínimamente normal; o, mejor dicho, es un filme repleto de grandes gilipollas.

Aparte, el guión es tan tópico que convierte en buenas la blandura y superficialidad de sus personajes. Todo sigue las pautas impuestas por gurús y laboratorios del Hollywood actual. Y por eso apenas importa que haya tremebundo black moment a media hora del final, pues uno sabe que inevitablemente llegará el happy ending, las escenas de comprensión y reconciliación.

Con amor, Simon es una película barata… que ha recaudado dinero. Es excepcional que un producto tan empalagoso se haya convertido en fenómeno de masas. Es un mal melodrama, un telefilme con ínfulas… pero aun así ha conseguido llegar a la gente.

Probablemente porque se anuncia como la primera película de un gran estudio protagonizada por un adolescente gay. Es buena cosa que la homosexualidad se convierta en algo natural, cotidiano… en algo tan presente como poco extraordinario… Pero algunos queremos ver buen cine… sin etiquetas.

Así, en definitiva, Con amor, Simon es más una película militante que una comedia de instituto. Muchos habrán encontrado satisfacción, recompensa y reconocimiento en su argumento… Pero otros nos hemos aburrido con algo que tiene más de panfleto que de producto auténticamente profesional. Conozco a chavales de 15 años que pergeñan tramas más hábiles y construyen diálogos mil veces más ingeniosos.