De ministras y ministros

En una democracia, como en cualquier otro sistema político, las formas son esenciales. Los ritos y ceremonias -un solo artículo, genérico, vale para los dos sustantivos- elevan cualquier acto, otorgan legitimidad formal y grandeza a lo cotidiano. Pocas cosas son más solemnes que la promesa de un Gobierno de la nación. Y ya tenemos el chiste sobre: "Consejo de Ministras y Ministros".

Lo peor es que la anécdota, el chascarrillo, se ha celebrado enormemente, como si fuese un paso más hacia la igualdad. Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, ha afirmado que improvisó el tema, lo que demuestra que nadie se toma muy en serio esto de prometer el cargo. Así nos va.

Doctora en Derecho Constitucional por la prestigiosa universidad de Córdoba, Calvo trabajó como profesora universitaria antes que dedicarse plenamente a la política. En eso ya se muestra superior a su superior, Don Pedro Sánchez. Pero como consejera, ministra, portavoz y demás sinecuras, su carrera está plagada de meteduras de pata.

De ella es lo de que "el dinero público no es de nadie". O la confusión de Dixit con los ratones Pixie y Dixie. O lo de "frailas". En los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero fue de las más destacadas inútiles en unos ejecutivos repletos de ellos.

A pesar de todo, ha vuelto. Y nadie se lleva las manos a la cabeza. Su "De ministras y ministros" muestra el nulo respeto por las instituciones y, sobre todo, por el idioma. Calvo, simple y llanamente, es otra feminista radical más que se cree superior a la RAE y que cree que el mal está en las palabras y no en las personas.

Aparte, insisto, la solemnidad de las ceremonias sostiene una democracia, aún más una Monarquía Parlamentaria como la nuestra.

Por otro lado, la frase de Calvo, repetida por sus compañeros de Consejo, quita importancia a lo que realmente la tiene: hay muchísimas más ministras que ministros, circunstancia digna de celebrar pues parece que ya hemos superado, por fin, las ínfulas de paridad.

En cualquier caso, esperemos que, pronto, llegue el día en que los Ministros no sean hombres ni mujeres, simplemente Ministros. Pues, desde mi punto de vista, la sexualidad o el sexo de cualquiera, aún más de un servidor público, forma parte de su intimidad... y de la mía -decía Coucheau que entre los derechos humanos se encuentra el de no conocer la intimidad de los demás-.

Pero así son los tiempos que corren... donde las anécdotas se celebran y el fondo se ignora.