Homenaje a Miguel García-Baró

Cuando el mundo parece sumirse en los territorios del odio hacia el otro; cuando la vida se llena de desprecio por las opiniones ajenas; cuando la existencia se deja llevar por los extremismos y no por la mesura; cuando se malinterpretan conceptos clave como tolerancia, convivencia y democracia; cuando por doquier se considera que hay posturas e ideas superiores a otras… aún hay esperanza.

Ayer, sábado 17 de marzo de 2018, tuve el privilegio de asistir al homenaje que se dio a Miguel García- Baró en el aula García Polavieja de la Universidad Pontificia Comillas.

No fue un homenaje institucional, sino organizado y presentado por alumnos, discípulos, amigos y familiares del gran filósofo español, más conocido en Europa y América que en su propia patria. Fue un acto sencillo, fruto de la óptima organización de John David Barrientos Rodríguez, Diego I. Rosales Meana y Ángel Viñas Vera desde el más sincero cariño y a costa de su tiempo personal.

Así, García-Baró, sin saberlo, consiguió que nos reuniéramos personas venidas de múltiples rincones del globo para mostrar nuestra admiración por el maestro, por el filósofo, por la persona.

Miguel García-Baró, de obra amplia e interesantísima -recomiendo Sócrates y herederos-, vivió en y para la universidad Complutense durante casi tres décadas, antes de salir huyendo de componendas, envidias y nepotismo para refugiarse en la Pontificia Comillas.

Desde allí, desde siempre, ha sabido transmitir su mensaje de bondad, de búsqueda del bien, a partir de las más variadas formas y siempre desde la apertura total hacia sus alumnos. Quien no ha estado en una de sus clases, ignora lo que es ser un magistral profesor de filosofía.

Pero lo más asombroso y reconfortante del acto homenaje a Miguel García-Baró es que surgió de la ciudadanía, de la amistad, de la sencillez cívica, para honrar a un ser humano en plenitud, activo, lúcido.

No solo eso. Del acto -preparado con muchísimos meses de antelación- ha nacido un libro, La filosofía y el Bien, lleno de textos emotivos pero también de traducciones y profundos ensayos filosóficos. De la riqueza intelectual es inevitable que florezcan ideas, obras, bondad.

Sí, aún queda esperanza… aunque casi nadie conozca a Miguel García-Baró, una pena que revela muchas de nuestras carencias.

P.S.: Al cobijo de Miguel García-Baró ha surgido una extraña sociedad de amigos y pensadores, Fenomenología y filosofía primera, que reúne a gente que dialoga constantemente sobre el ser humano y sobre el bien. Como digo, aún hay esperanza.

P.S.S.: Texto de Miguel García-Baró: “Todo ser humano, si viene a este mundo, es precisamente con la misión de, en algún instante, poder reflejar para sí mismo y para otros que existe el enemigo absoluto del mal. No para cumplir con una misión, eso es evidente que no: nos podemos morir en cualquier momento y el acontecimiento el fracaso es absolutamente esencial en nuestra vida.

Si fuera una misión, se diría entonces que muchísimas vidas no tienen sentido porque se han quedado muy cortas respecto de lo que prometían, respecto de lo que era imprescindible que realizaran. En cambio, cada uno de nosotros sí puede, en algún momento, hacer brillar todo para los demás, pero también para sí mismo, que la increíble verdad es que el fondo último de la realidad es el amor absoluto, el Bien perfecto”.