De Oscar, cine y otros asuntos

Los Oscar han cumplido 90 años y, a pesar de las predicciones, han tratado básicamente de cine. Buena noticia, quizás excepcional, pues en Hollywood han sabido combinar el homenaje al séptimo arte con las muchas y variadas reivindicaciones que han marcado la actualidad cinematográfica durante los últimos meses.

Así, Guillermo del Toro, mexicano, se ha convertido en el gran triunfador de la noche. Con los premios a mejor director y mejor película, para La forma del agua, Hollywood le ha arreado a los morros a Donald Trump y todo el aparato propagandístico de la Casa Blanca.

Aún más, Coco, probablemente la mejor película de 2018, ha ganado el Oscar al mejor largometraje de animación, y se basa en el mexicano Día de los Muertos. No hay muros que valgan en Hollywood, y esperemos que la fractura que divide la sociedad norteamericana no sea tan profunda como aparenta.

En cualquier caso, en los Oscar los protagonistas fueron los premios, el glamour, las grandes estrellas. A pesar de los muchos mensajes reivindicativos, las grandes imágenes muestran a Del Toro exultante, a Jennifer Lawrence haciendo travesuras, a Frances McDormand como maestra de ceremonias, en general los preciosos vestidos que adornan la alfombra roja y convierten los premios de la Academia de Hollywood en un espectáculo que combina lo popular con lo esplendoroso.

Ciertamente, da gusto comprobar que se pueden combinar altas miras con puro entretenimiento. A pesar de ello, Hollywood camina enfermo, pues lo que premia poco o nada tiene que ver con la gran industria.

Por ejemplo, La forma del agua o Tres anuncios en las afueras, buenas películas, cumplen con la vieja máxima de los Oscar de no ser filmes que uno desee volver a ver. Pero quedan bien lejos de otros grandes triunfadores del pasado: no son Alguien voló sobre el nido del cuco, El último emperador o Una mente maravillosa. Y quedan a años luz de Forrest Gump, Million Dollar Baby o El padrino –estas tres si las vuelvo a ver una y otra vez–.

La calidad media de los filmes que compiten por los Oscar ha descendido enormemente. Aún más cuando se incluyen filmes pretenciosos como Call Me by Your Name.

Precisamente, sí apetece ver otros filmes contendientes, y que han ganado premios digamos que menores: Coco, Déjame salirDunkerque y Blade Runner 2049.

Como demuestran estas dos últimas películas, continúa habiendo grandes técnicos. Y grandes intérpretes, como el inconmensurable Sam Rockwell de Tres anuncios en las afueras. Pero entre ejecutivos con MBA, el influjo del cine tendencioso y la dictadura de las cuentas de resultados, los cierto es que el cine de Hollywood, en líneas generales, flojea.

De momento, la Meca del Cine ha sabido plantear unos Oscar comprometidos sin ser panfletarios. Como escenario del mundo, han servido de vehículo para que unos señores nos digan qué le falta a este planeta nuestro. Y así, entre justísimas reivindicaciones, se ha celebrado la gran fiesta del séptimo arte.

Tan solo se ha echado en falta una webcam que emitiese en directo qué sucedía en el interior de la Casa Blanca.

P.S.: Desde mi punto de vista, y salvo en las categorías de intérpretes, los Oscar no los ganan hombres o mujeres, sino profesionales. Tampoco es importante, desde un punto de visto artístico, que de los últimos 5 Oscar a mejor director 4 hayan sido para realizadores mexicanos.