Discurso en homenaje a Manuel Martín Ferrand

A continuación incluyo el discurso con el que la familia homenajeó a Manuel Martín Ferrand en la inauguración de la rotonda homónima en Pozuelo de Alarcón, que tuvo lugar el pasado viernes:

"Ciertamente, han cambiado las cosas. Aquí, donde ahora hay calles, rotondas, casas y parques, hace cuatro décadas era todo campo. Ahí, poco más abajo, hacia el arroyo de las Cárcavas descendía la peligrosísima Cuesta de la Muerte. Por allá, junto a una abandonada fábrica de ladrillos, la Charca la Guarra, donde nos enfangábamos y pululábamos a pie o en bici. Cerca de ella, aquella vaquería cuyos efluvios perfumaban el valle cuando soplaba el viento del norte.

Tras haber vivido en La Coruña, Santander, Cádiz, Pamplona, París, Madrid y Barcelona, Manuel Martín Ferrand –que siempre observaba y, sobre todo, veía–  llegó a Pozuelo en 1975, obligado por las circunstancias y en busca de una casa de precio asequible. Y llegó para quedarse. Pocos años más tarde, cuando los muchos libros hicieron que nuestro primer hogar pozueleño se quedase pequeño, mis padres tuvieron que cambiar de residencia. Podrían haber vuelto a Madrid, por ejemplo. Pero, afortunadamente, Pozuelo de Alarcón fue el lugar en el que mi padre escogió vivir hasta su fallecimiento, del que en agosto se cumplirán 5 años.

Casi un lustro en el que han pasado muchísimas cosas, algunas que él había predicho, otras que han terminado escapándose incluso de su lúcida imaginación, y otras completamente inopinadas en 2013. Y, desde mi punto de vista, se ha echado de menos la capacidad para el análisis y la mesura que Manuel Martín Ferrand ponía en su profesión. Ciertamente, no me salen muchos nombres que puedan no ya comparársele, sino simplemente hacerle un mínimo de sombra.

Por ello mismo nos hemos reunido aquí: para homenajear a un gran periodista, dotado de una magnífica visión del pasado, el presente y el futuro. No solo eso: fue un buen hombre, siempre espléndido, pues quizás nadie haya invitado a más gente y más veces a almorzar o cenar; también era único en su capacidad de pensar y relacionar los muchos y variados conocimientos que poblaban su magín; además, fue un gran amante del espectáculo, las artes y la naturaleza; en definitiva, un pozueleño ilustre.

Por otro lado, el hecho de que estemos aquí para recordarle no deja de ser una ironía, figura retórica de la que mi padre fue un auténtico maestro. Después de todo, no deja de resultar irónica que esta rotonda vaya a rendirle perenne memoria cuando muchos otros se empeñan en enterrarle en el olvido.

Por ejemplo, en muchas historias de la radio se ningunea el nombre de Manuel Martín Ferrand. ¡Si algunos hasta le niegan en la autoría de Hora 25! Y su nombre no se mencionó cuando se celebraron los 60 años de Televisión Española. Y aún hay gente que me pregunta por qué no dijeron nada sobre él cuando Antena 3 Televisión celebró su cuarto de siglo.

E, inevitablemente, también van quedando en el olvido la mayoría de sus grandes logros: Antena 3 Radio; el periódico Nivel, del que salió un solo número y cuyo formato se parece tanto al de algún periódico actual; los cientos de revistas, diarios y programas televisivos y radiofónicos que creó y/o condujo.

Pero si algunos le quieren olvidar es porque, como defendió de palabra y obra, siempre fue un periodista libre e independiente, situado frente al poder para servir de perfecto espejo entre actualidad y ciudadanía. Así que, pura ironía, si no se le quiere recordar es porque algo debió de hacer bien.

De todas maneras, hay cosas que no han cambiado. ¿No se parecen mucho, quizás todo, las programaciones de las radios generalistas a lo que se hacía en Antena 3 Radio?

Así, gran periodista, lúcido analista de la actualidad, su recuerdo, en justicia poética, pero en completa injusticia histórica, se ha ido diluyendo salvo en las mentes de aquellos que le conocimos y quisimos. Él jamás fue amigo de homenajes y ceremonias. Pero, tras los actos que se realizaron inmediatamente después de su muerte, en España apenas se ha movido un dedo para recordarle.

Y si bien él, como periodista, pensaba en la actualidad, algunos creemos que se merece mucho más.

Y por eso estamos aquí, cerca de las dos casas en que vivió durante casi 40 años. Para recordarle, para rendir homenaje a uno de los más grandes periodistas de España, y también uno de los españoles que más lucharon por traer y mantener la democracia a este rincón de Europa.

Por eso, en nombre de la familia y de los amigos queremos dar las gracias al Excelentísimo Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón y a su alcaldesa, Susana Pérez Quislant, por haberse atrevido a poner el nombre de Manuel Martín Ferrand a esta rotonda en la que confluyen la Vaguada Cerro de los Gamos, la calle Naranjo y la Avenida de las Bellas Artes, magnífica alegoría del amor de mi padre por su pueblo, los árboles y la creación artística.

Para terminar, si bien podría citar a Sabina y “el sabio que no cambia París por su aldea”, prefiero recurrir a Alberto Caeiro, el heterónimo primigenio de la escuela poética de Fernando Pessoa, otro de los muchos poetas a los que me abrió mi padre

“Desde mi aldea veo cuanto desde la tierra se puede ver del universo.../Por eso mi aldea es tan grande como cualquier otra tierra,/ porque yo soy del tamaño de lo que veo/ y no del tamaño de mi altura....”.

Y así, Pozuelo de Alarcón, la aldea escogida por Manuel Martín Ferrand, retendrá en su memoria el nombre y espíritu de un visionario tal que tornó en gigante.

Mil gracias".