Memoria y memorias

En Alemania miran a los ojos de la esfinge de la Historia. En Berlín, a pocos metros del Checkpoint Charlie, pequeña cabina que simboliza el Muro y la Guerra Fría, hay un enorme solar en el que se encontraban las oficinas de la Gestapo, las SS y otras policías del III Reich. Es decir, allí se maquinaron muchas de las atrocidades que los nazis cometieron antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, en el solar, sobre los cimientos que se pueden ver en la foto -también se ve parte del muro- se alza un pequeño edificio que contiene la exposición permanente Topografía del Terror, recopilación de textos y fotografías que dan una idea de la brutalidad nazi.

Varios kilómetros al este se encuentra el Museo de la Stasi, en el que se pueden visitar oficinas, celdas y exposición sobre los abusos de la antigua policía secreta de la República Democrática Alemana.

Museos similares se encuentran en Colonia o Leipzig y, fuera de Alemania, en Budapest y Praga. Por aquellos países, por lo menos de cara al público, han sabido mirar al pasado y mostrar la peor cara de dictaduras de muy diverso pelaje.

Por regla general, esos museos/exposiciones tienen un carácter pedagógico, una clara señal histórica de advertencia para evitar que se repita el pasado.

¿Hay algo similar en España?

Debería haberlo.

Paseando por Berlín con dos sabios peripatéticos comentábamos la necesidad de levantar en España un museo semejante. Lo ideal sería hacerlo en la Real Casa de Correos, antigua sede del ministerio de Gobernación y de la Dirección General de Seguridad, pero en tan emblemático edificio hoy se encuentra la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid. Será que somos más de enterrar que de destapar.

Entonces, a falta de edificio central, quizás el lugar ideal sería el Valle de los Caídos, mausoleo de nuestras miserias y que simboliza algo que no debería gozar de ningún simbolismo. Allí, en la roca excavada con el sudor de los que perdieron la guerra -aunque, realmente, la perdimos todos-, podría montarse una subyugante exposición sobre los desmanes de nuestra historia más reciente.

Y no solo sobre la represión franquista, sino sobre todo lo que ocurrió durante la Guerra Civil en ambas retaguardias, y sobre los despropósitos salvajes y asesinos sucedidos desde 1909 hasta 1936, incluidos magnicidios, fusilamientos gratuitos, revoluciones violentas y asesinatos políticos -en ocasiones cometidos por fuerzas de seguridad del Estado-.

Así podríamos comenzar nuestro necesario ascenso hacia la reconciliación nacional con un pasado que, aunque vergonzoso, fue bastante menos salvaje que el alemán.