Dos libros para la reconciliación

A pesar de lo mucho y bueno que se ha investigado en las últimas décadas, nuestros libros de texto de Historia siguen plagados de los viejos mitos que, para más mal que bien, nos persiguen desde prácticamente siempre. España es un país curioso, una nación superviviente pese a despreciar su pasado en todos los sentidos del verbo.

En ese sentido Imperiofobia y Leyenda Negra, de María Elvira Roca Barea, es un espléndido análisis del fenómeno del odio hacia los grandes imperios –romano, estadounidense, ruso y español– y de las circunstancias en las que se creó la visión negativa de la época imperial española.

El libro parte de una introducción en la que la autora se sitúa políticamente, algo que debería ser obligatorio en cualquier texto histórico. A partir de ahí, se sumerge en el fenómeno imperial para demostrar cómo siempre la oposición al mismo ha funcionado de la misma manera, con los mismos tics y modos. Aunque moleste que haya numerosas citas sin traducir, el análisis es magistral.

Mejor aún para nuestro ánimo y entendimiento es la parte dedicada a estudiar la leyenda negra española, construida a partir del humanismo italiano, reforzada por las naciones convertidas al protestantismo y nunca suficientemente defendida por nuestros propios historiadores. Si bien Roca Barea no siempre es ecuánime, su punto de vista, soberbiamente documentado, siempre resulta interesante.

En Imperiofobia y Leyenda Negra uno se encuentra material completamente actualizado sobre el Saco de Roma, la figura de Marín Lutero, el humanismo español, la Armada Invencible, la conquista de América, etc. al tiempo que se analiza cómo evolucionó la historiografía respecto a tema tan controvertido –que, por lo leído, no debería serlo–.

En El camino al 18 de julio: La erosión de la democracia en España (diciembre de 1935 - julio de 1936), Stanley G. Payne analiza los últimos meses de la II República. Presenta una visión documentada bien diferente a la “oficial” que se puede leer en los libros escolares.

En primer lugar, presenta la idea de que durante la II República predominó “la insistencia en considerar al Gobierno más como una especie de patrimonio que como el lugar de la representación de los diversos intereses nacionales”, algo no muy lejano de la partitocracia actual.

Luego, Payne intenta argumentar que la Guerra Civil no fue inevitable hasta el último momento, a pesar de los desmanes y de la injusta vara de medir que empleó el gobierno surgido de la victoria del Frente Popular.

El caso es que, después de meses de corrupción electoral y desmedida violencia –denunciada más por la derecha que por la izquierda– se llegó a un mes de julio en que “casi todo el mundo pedía un régimen autoritario para España. La CNT buscaba imponer por la violencia su propia utopía en una fecha indeterminada; los caballeristas y el POUM  pedían la imposición de la dictadura del proletariado; los comunistas se afanaban por construir la “República de tipo nuevo”; los azañistas y prietistas buscaban una República exclusivamente de izquierdas, eliminado políticamente a la mitad de la nación; los carlistas querían imponer su visión monárquica; los monárquicos alfonsinos deseaban una monarquía autoritaria y corporativista; los falangistas, su llamada revolución nacionalsindicalista; e incluso una gran cantidad de personas de centro o de la izquierda moderada pedía públicamente una dictadura liberal o legalitaria republicana. Fue función de Franco ordenar todo esto, por las buenas o por las malas”.

Por eso mismo muchos deseaban una guerra civil, aunque “nadie quería una guerra civil tan larga y tan destructiva”. Payne, desde su punto de vista pero siempre desde los hechos, afirma también que la II República finalizó en el mismo momento en el que las autoridades republicanas armaron al pueblo.

Un libro lúcido, duro, altamente recomendable, que choca de frente con la versión unidimensional que predomina y que se quiera imponer a costa de la verdad histórica.

Claro que la verdad histórica admite matices y numerosas perspectivas. Precisamente por eso, quizás haya llegado el momento de leer libros como estos, que nos permiten reconciliarnos con nuestro pasado e, incluso, con nuestro presente.