No todas son obras maestras

Tanto en lo académico como en lo cotidiano, tendemos a categorizar en exceso, a entregarnos a lo absoluto. Actitud extraña, irracional, que alcanza sus mayores extremos en el arte. Por ejemplo, en noviembre Salvator Mundi, de Leonardo Da Vinci, se vendió por más de 450 millones de euros pese a ser una obra muy menor del genio renacentista.

Probablemente Clint Eastwood, con obras maestras como Sin perdón, Los puentes de Madison, Mystic River, Million Dollar Baby y Gran Torino, sea el director más decisivo del último cuarto de siglo. Por regla general, el nivel medio de su cine es muy alto, como demuestran otras obras “menores” como Poder absoluto, Space Cowboys, Cartas desde Iwo Jima y El francotirador.

Pero Eastwood, a la postre un simple mortal, también tiene títulos fallidos, como Deuda de sangre, El intercambio o J. Edgar. Ahora acaba de estrenar en España 15:17 Tren a París, un filme que recrea cómo dos norteamericanos impidieron un atentado terrorista en un ferrocarril europeo.

A pesar de que no sea la mejor película de Eastwood, se agradece su manera de rodar, de ponerse al servicio de una historia que, a mi entender, flojea sobremanera por culpa de su endeble guión. En cualquier caso, también aquí se nota la mano del director, pues unos simples aficionados interpretan sus papeles como si fuesen actores profesionales.

15:17 Tren a París no empaña la excelente filmografía de Clint Eastwood. Tampoco debemos aducir que a sus 87 años no da para más. Por supuesto, es ejemplar que siga rodando películas a esa edad -se podría abordar cierta decadencia en su cine, pero este artículo trata de otro asunto-, pero lo que realmente importa es que no habría excelencia sino se cayese de vez en cuando en la mediocridad.

Es raro ver a pintores con una trayectoria impecable. Incluso en Velázquez y Van Gogh, artistas de obra corta por muy diversas razones, encontramos algunos cuadros algo inferiores. Y si examinamos la obra de autores de vastísima obra, como Rubens, Rembrandt o Picasso, encontraremos manifestaciones de que también ellos eran humanos y tenían días malos, pocas ganas o nulo interés en lo que estaban haciendo.

El genio es un atributo extraño, inaprehensible para la gran mayoría de los humanos. Lo asombroso es que un solo sujeto consiga entregar más de una docena de cuadros mágicos, de soberbias esculturas, de imperiales composiciones musicales… Porque la creación artística es algo que va mucho más allá de una sala de subastas o un libro de historia del arte.

Algo aún más comprensible si hablamos de cine, donde un director es tan solo un elemento más en la amplia producción de un largometraje. Por eso, en algunos casos, como Francis Ford Coppola, encontramos más mediocridad que obras maestras. Otros son simples autores de una sola genialidad, como José Luis Cuerda y su Amanece que no es poco. Todos, absolutamente todos los grandes directores de cine tienen obras menores, incluidos John Ford, Frank Capra y Howard Hawks.

Por eso se me antoja ridículo que alguien pague una millonada por un cuadro menor de Leonardo. Ya explotará la burbuja del mercado del arte. Pero más necio me parece la manera que tenemos de mirar al arte y al espectáculo desde el mundo académico. De igual manera que es estúpido concebir todas las obras de cualquier artista como geniales, es absurdo encerrar a ningún genio en una categoría o movimiento artístico.

El arte es la obra, en ocasiones el artista que, por regla general y hasta que se diga lo contrario, es un simple ser humano.