Educación, decanos y maestros

Las facultades de Educación, allí donde se gradúan los futuros maestros de Educación Infantil y Primaria, son eximios ejemplos de marxianismo. Si bien la nota de acceso es de las más bajas de toda la universidad –lo que permite entrar a casi cualquiera– luego sus estudiantes consiguen unas de las más altas medias de la educación superior española.

A pesar de tamaña contradicción, los decanos de 80 facultades de Educación –de los que un periódico afirma que la conocen de primera mano (LOL)– han presentado un documento en el que exigen un método más riguroso para seleccionar a sus candidatos, que en cualquier caso deben ser menos para así tener posibilidades de acceder a prácticas de mejor calidad.

Lógico que pidan notas de acceso más altas, porque eso supondría aspirantes más motivados y/o cualificados. Pero que al tiempo exijan que se evalúen otras cualidades, como la actitud y la madurez personal, en lugar de solo el expediente, parece un insulto a nuestra inteligencia, pues deberían ser ellos los que implantasen otras medidas –exámenes propios, entrevistas personales, etc.– para acceder a la carrera de maestro.

Por otro lado, los decanos “educativos” piden que se trabaje más en la innovación educativa. Los nuevos maestros, hijos de la LOGSE y hermanastras, están hiperpreparados en asuntos como el aprendizaje cooperativo, las inteligencias múltiples, las nuevas tecnologías y todas esas zarandajas que pueden ser estupendas herramientas pero que se pretenden convertir en sistema.

Ciertamente, en este sentido “no es que nuestros alumnos salgan mal formados, pero podrían salir mejor”, afirma Juan Carlos San Pedro, presidente de la conferencia de decanos de Educación y decano de la facultad de Oviedo.

El principal problema de los nuevos maestros, empero, es que no siempre saben escribir con un mínimo de destreza, sumar y multiplicar con solvencia, y en casi todos los casos carecen de un mínimo de lo que antiguamente se conocía como cultura general. Hablando en plata, muchos de ellos son auténticos catetos… sin saber ni imaginar que lo son –esa es la auténtica tragedia de la ignorancia–.

Por supuesto, como afirman los decanos, hay que trabajar para que la profesión de maestro esté socialmente mejor considerada y mucho mejor pagada. Pero el problema se inicia en el colegio, cuando realmente comienza la formación de cualquier ciudadano.

Cuando hablo con algún curtido profesor universitario, impepinablemente se queja de lo mal preparados que están los nuevos alumnos. Sin embargo, no oigo ni leo documentos de decanos, rectores o sindicatos que exijan un mayor nivel de exigencia y rigor en colegios e institutos.

Como siempre digo, el problema no es el cómo, sino el qué se enseña y con qué grado de exigencia.

P.S.: Los viejos maestros que he tenido la suerte de conocer eran gente muy preparada. No solo eso: a menudo tenían más cintura y ganas a la hora de afrontar los cambios en metodología. Eran, simplemente, mejores.

P.S.S.: José Antonio Marina ahora dice que “es perverso decir que no hay que aprender las cosas de memoria”. ¿Será que por fin estamos abriendo los ojos?