Larom

Hace algunos días un exlaumno, ya en los últimos años de carrera en una prestigiosa universidad, me contaba cómo algunos de sus compañeros se habían planteado destapar la trampa de una de las primeras de su promoción, una alumna que copiaba sistemáticamente. Al final, habían preferido el silencio, la complicidad. ¿Qué clase de sociedad considera a los que copian mejores que los chivatos?

España, en muchos sentido un país moderno, siempre ha andado un poco perdido en cuestiones morales. La secular rivalidad entre los cristianos vehementes e intransigentes y los violentos anticlericales, presuntos defensores de la libertad, en cierto modo ha corrompido nuestra manera de entender la cosas y reaccionar frente a los errores o despropósitos ajenos.

Ahí tenemos la “gran conversación” política que nos domina: ¿quién ha robado más? Por eso muchos siguen votando a los “hunos”, porque los “hotros” son aún más corruptos. ¿Voto en defensa propia o simple aceptación de que los nuestros simplemente hacen lo que nos gustaría hacer a nosotros?

El problema, desde mucho antes de Felipe González, es la confusión entre delito y acto reprobable. Después de todo, este es el país del Dioni, que fue condenado pero que ganó fama, o de políticos, como Eduardo Zaplana o José Bono, que nunca pasaron por una celda pero que aún gozan de prestigio y ascendencia en las altas esferas sociales y monetarias.

Ahí entra el paradójico punto en el que se demuestra que Cataluña forma parte consustancial de España. Bajo la perenne sombra del 3%, del 7 septiembre en adelante un grupo de políticos se saltó no solo las normas españolas sino también las exclusivamente catalanas. Y ahí, desde la cárcel, han vuelto a conseguir un sinfín de votos. Incluso un prófugo, un cobarde, es considerado como un gran héroe. Pronto volveremos a considerar a Aquiles por encima de Héctor.

Contaba Coucheau que el que robaba un bolígrafo en la oficina lo hacía porque no podía robar un millón de euros. Por eso, muchos de aquellos que hace un par de años afirmaban que dejarían de piratear series y películas cuando hubiese un modo barato, adecuado y legal de acceder a ellas, siguen descargándoselas ilegalmente a pesar de que existen numerosas plataformas de bien moderado precio.

Esto no es nuevo. Estoy de regreso a Ramón Pérez de Ayala, Pío Baroja, Miguel de Unamuno… y sus palabras son tan cercanas como supongo que consoladoras. El espíritu español a menudo es grande, soberbio en su capacidad de sobrevivirse, pero como contrapartida conlleva el premio al pícaro y la crítica al honrado, al “pringao”.

Supongo que también superaremos el trance que ahora nos amenaza y atenaza. Por eso deseemos que 2018 sea un mejor año.