El cisma catalán

De todas las ciencias exactas, la estadística es la más inexacta, pues debe aplicarse a las cosas humanas, siempre tan etéreas, complejas y abstrusas. En Cataluña han ganado en votos los “constitucionalistas” (si consideramos como tales a los comunes de Colau y Podemos), pero en escaños los “independentistas”. Estadística y ley electoral, algo tan escaso y contradictorio como nuestra historia democrática.

En cualquier caso, las elecciones del pasado jueves no iban a resolver nada. No hablamos de razón, sentido común… de nada lógico (este tema lo desarrollaré el próximo martes), sino de sentimientos, fidelidades, gregarismos varios. Y Cataluña, se mire por donde se mire, está escindida en dos partes bien diferenciadas, a la vez susceptibles de disgregarse en otras muchas.

En las provincias de Girona y Lleida la mayoría independentista es bien amplia, casi del 60% de los votos. En Tarragona, más o menos, el cisma divide la circunscripción en dos mitades. Y en la de Barcelona el “constitucionalismo” se impone, aunque no por mucho.

Así, el asunto es realmente complejo, porque no podemos hablar de una sola Cataluña, ni de dos. Hay muchas y muy diversas sensibilidades. Porque tampoco el problema se reduce a que si unos quieren independencia y otros no. Hay multitud de posturas, muchas de ellas disparatadas, pero todas ellas dentro de la ley, como debe ocurrir en un país democrático.

El cisma catalán se agravado y complicado considerablemente por culpa de los muchos y por lo general deleznables protagonistas. Por un lado, el auténtico golpe de Estado que llevó la situación al límite, pues se incumplieron tanto las leyes españolas como las exclusivamente catalanas. Por otro, la aplicación blanda del artículo 155 que ha permitido presentarse a estas elecciones a personajes que están en prisión o se han dado a la fuga. Así, podrá haber un mártir President que resida en Estremera. Ni al mejor guionista implicado en Una noche en la ópera se le podría haber ocurrido nada tan absurdamente siniestro.

Eso es lo que hay, un auténtico cisma. Ni procés, ni conflicto, ni otras chuminadas terminológicas: un CISMA. Cataluña está escindida, envuelta en discordias y desavenencias.

Es esencial que todos nos demos cuenta de esto. Porque, con las diversas posturas tan enconadas, jamás encontraremos una solución a lo que probablemente no la tenga. Así, solo queda apelar a la moderación, a la resignación, porque todos los catalanes están condenados a convivir, a compartir espacio y época…

Salvo los que niegan al otro… y de estos, me temo, hay tropecientos.