En defensa de España

De manera harto sorpresiva se ha hablado de Educación en el Congreso. Eso de adoctrinar no está nada bien, pero es lo que sucede cuando un gobierno tiende hacia el fascismo: han pasado décadas desde que en Cataluña se comenzó a manipular la Historia para cimentar su independentismo y “educar” –a la manera leninista o hitleriana– a los jóvenes cachorros del radicalismo.

Se ha hablado en el Congreso de Educación, pero ni la propuesta ni las respuestas han sido profundas, atinadas, consensuadas. Se habla de Educación por el desafío catalán, no porque realmente le importe a nadie. Después de todo, a la Historia tampoco se la trata bien en el resto de España.

Ni en las escuelas ni en la calle. Seguimos siendo ese país capaz de pontificar sobre todo sin saber muy bien de qué hablamos, siempre desde la comodidad de aceptar los viejos mitos y negar cualquier opinión que se oponga a la propia.

En este sentido, creo muy recomendable la lectura de En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras, interesante ensayo de Stanley G. Payne sobre nuestra historia.

Ciertamente, el libro no comienza de manera brillante. Todo lo referente a la Antigüedad, Edad Media y Moderna resulta harto atropellado, confuso, incluso un poco trasnochado. Aparte, tampoco aclara mucho qué mitos o leyendas se desmontan.

Pero entonces, a partir de la Guerra de Independencia, el libro cobra enormes interés. Payne resume la historia del siglo XIX y XX con numerosas aportaciones que, por alguna razón, aún no han llegado a los libros de textos escolares aunque algunas, además de comúnmente aceptadas, ya surgieran hace bastantes décadas. Especialmente lúcidas son las páginas sobre los primeros seis meses del trágico 1936, un varapalo tremendo a los mitos sobre el comienzo de la Guerra Civil -a la postre una guerra entre Contrarrevolución y Revolución; y si no que se lo pregunten a Manuel Chaves Nogales-.

Pero En defensa de España alcanza el grado de memorable en su último capítulo, una feroz crítica contra lo políticamente correcto –o pensamiento único, según Payne–, el “presentismo” con el que se quiere juzgar el pasado –ya sean los romanos o Hernán Cortés– y ese oxímoron de memoria histórica que, según el libro, es tan solo un intento de imponer una versión histórica sobre todas las demás, una pretensión seudofascista de contar las cosas al servicio de una causa.

Porque, como argumenta Payne, la Historia –siempre tergiversada y/o vapuleada por la España oficial, Cataluña incluida– no consiste en crear dogmas inamovibles, sino el acercamiento crítico a los hechos históricos para interpretarlos de la mejor manera posible. El historiador estadounidense, por ejemplo, nos recuerda que tras la muerte de Franco hubo una fiebre historiográfica en nuestro país para contar la Historia que durante 4 décadas estuvo censurada por el Franquismo, fiebre que impidió, entonces, el olvido al que muchos aluden ahora.

En defensa de España, sin ser un libro perfecto, es una buena manera de acercarse a nuestra Historia desde un punto de vista actual, moderno, que incluye muchos de los últimos estudios históricos. Se puede estar en contra de muchas de las cosas que escribe el autor, pero no de su espíritu liberador y abierto.

Con estos libros sí que podría enriquecerse nuestro sistema educativo al que, quizás, solo encontraremos solución cuando se lo arrebatemos a los políticos.