Gremlins

Aunque el título pueda sugerir lo contrario, no voy a hablar de Cataluña sino de la película homónima de 1984.

Con Gremlins, en plena adolescencia, me pasó lo mismo que con Regreso al futuro: fui al cine sin tener la más mínima idea de qué iba la película. Por eso, al principio, al ver a ese Mogwai que tanto recordaba a los Ewoks del Retorno del Jedi (estrenada un año antes), ya me veía ante un espectáculo dulzón e infantiloide.

Pero entonces el guión de Chris Columbus cambió radicalmente el tono de la historia. Las tres advertencias iniciales sobre los mogwais llevan a un modesto pueblo al borde del apocalipsis. Porque, maniquea propuesta, tras la dulce criatura se esconde un mundo de caos, de destrucción, de hilarante y absurdo gamberrismo.

Así, poco a poco, con el típico protagonista ochentero -atribulado jovenzuelo a las puertas del amor - el filme pasa al terreno del thriller y, al final, al de la comedia de acción con unos monstruitos tan gamberros como destructivos. Es decir, pasamos a la típica batalla del bien contra el mal pero salpicada de buenos gags y una buena y reconfortante dosis de homenajes metacinematográficos.

Gremlins, filme dirigido por Joe Dante, director que tanto prometía en los 80, y producida por Steven Spielberg, es puro entretenimiento, bien rodado e interpretado, una de esas películas juveniles de una década que entregó algunas joyas que, a pesar de los adelantos técnicos, siguen casi tan frescas como cuando se estrenaron.

Porque Gremlins, muy anterior a los efectos digitales, se hizo a partir de efectos a la antigua, con mucha marioneta y aún más ingenio. Eso no impide que hoy todavía pueda verse como un filme creíble y reconocible.

Aparte, como ya se dijo en su momento, en este filme, bien oculta, hay enorme capacidad crítica contra muchas de las convenciones de la Navidad, de los tics cinematográficos más comunes, las muchas carencias sociales que venimos arrastrando desde los años 70.

Pero, sobre todo, Gremlins es una película divertidísima. Y, repito, sin efectos digitales.