Madre!

Nota previa: En el post scriptum opinaré brevemente sobre Kazuo Ishiguro, el nuevo premio Nobel de Literatura.

En el pasado Festival de Venecia, al final de la proyección de Madre! se oyeron numerosos abucheos del público. Al mismo tiempo, gran parte de la sala se levantó para ovacionar la película, último estreno de Darren Aronofsky –su obra más conocida es Cisne Negro–. Ignoro cuánta gente se quedó sentada, sin más, ante un espectáculo tan original como previsible.

Según él mismo reconoció en Venecia, Aronofsky solo tardó cinco días en escribir el primer borrador del guión. Sin embargo, el elenco estuvo ensayando durante tres meses mientras él planificaba dónde colocar y cómo mover la cámara. Los hechos, entonces, revelan que estamos ante una película de festival antes que de taquilla; a saber, cine tan ambicioso como pretencioso.

Madre! es una alegoría ecologista de difícil explicación si no se quiere “spoilear” el visionado. Digamos que es una paráfrasis simbólica de la Biblia donde una mujer juega a ser la paciente esposa complaciente que tiene que aguantar la indolencia, parsimonia y empanamiento de su marido, el gran Creador al que la gente se siente inclinada a adorar de manera excesiva y entregada.

Así, en una casa que también tiene una gran carga simbólica, se van sucediendo episodios que, ante la pasividad del marido, van minando a la pobre mujer y machacando la casa. Hay que verla para entender el mensaje, elevado, que Aronofsky nos lanza a la cabeza aunque, eso sí, con su habitual saber hacer con la cámara en movimiento y los planos entrecortados.

Madre!, en definitiva, es una de esas películas que llama más la atención por su puesta en escena y por su fotografía que por la historia que cuenta. Sí, su mensaje puede ser encomiable, pero no consigue llenar dos horas de metraje sin arrancar unos cuantos bostezos. Solo la media hora final, estremecedora, descarnada, consigue que te revuelvas inquieto en el asiento.

A pesar de los pesares, Madre! destaca por su elenco. Jennifer Lawrence, que se entregó al papel de manera plena y dedicada, muestra de nuevo sus infinitas y espléndidas dotes interpretativas. Javier Bardem clava su personaje para resultarnos lejano e irritante. Y luego, junto a otros buenos secundarios, aparecen por ahí Ed Harris y Michelle Pfeiffer, lo que siempre se agradece pese a la malísima calidad del doblaje.

En cualquier caso, Madre!, que tantas pasiones levantó en Venecia, a la postre me resultó un tanto infantil en su estrafalaria representación de varias historias bíblicas, de la historia del mundo… de cuál puede ser nuestro futuro. Llena de buenas intenciones, es demasiado tendenciosa como para tomársela en serio pues a su ambición le falta un guión que la sostenga. Pero, nada, en los Festivales gustan de emocionarse ante cualquier cosa que se salga de lo auténticamente aburrido.

Para concluir, solo parafrasear aquel viejo dicho de Hollywood: Los mensajes, mejor por correo ordinario.

P.S.: He leído cuatro novelas de Kazuo Ishiguro: Los restos del día (o Lo que queda del día) es una de las mejores novelas del siglo XX, por tanto de imprescindible lectura; Un artista del mundo flotante y Nunca me abandones se dejan leer; Los inconsolables es tan pretenciosa como soporífera. A mi entender, habría merecido más el Nobel cualquiera de los siguientes, y por este orden: Ian McEwan, William Boyd, Martin Amis y Julian Barnes, también británicos, ligeramente mayores en edad que Ishiguro, pero mucho más consistentes.