Ex Machina

Tal y como han funcionado las cosas hasta ahora, tal y como están en este preciso momento -sobre todo en ciertos rincones de nuestra atribulada y querida piel de toro- quizás sea más urgente que nunca el desarrollo de la inteligencia artificial. Aunque, como bien advierte el sabio en ciernes Nikolas Bernaola, debería invertirse mucho más en la prevención de los riesgos que dicha tecnología podría conllevar.

La inteligencia artificial se ha llevado al cine de las más diversas maneras. A veces, en plan filosófico, como en 2001: Una odisea en el espacio. Otras, de manera apocalíptica, como en las sagas de Terminator y Matrix. Y, por fin, de modo plúmbeo, como en A.I. Inteligencia Artificial.

Ex Machina, estrenada en España en 2015, nos presenta el tema desde la presencia de un robot, Ava, sometida a un examen de inteligencia por un pobre y encantador panoli que, inexorablemente, estaba condenado a enamorarse de la "chica".

Ex Machina es una película de bajo presupuesto -15 millones de dólares- que, empero, ganó el Oscar a los mejores efectos visuales. En efecto, la tecnología ya no es algo exclusivo de las grandes producciones, y en este filme asombra ver lo creíble que resulta el cuerpo robótico de Ava.

Pero lo realmente fascinante de Ex Machina es que sus tres personajes y cuarto se nos presentan como auténticos humanos que, cada cual a su manera, esconden sus propios secretos para dar mayor interés al largometraje. Así, tenemos al excéntrico millonario que ha desarrollado a Ava, al pobre sujeto que debe examinar al robot -él es el auténtico conejillo de indias-, y a la propia protagonista, que en el filme muestra que la inteligencia artificial podría incluir, de conseguirse, la capacidad para manipular a las personas de carne y hueso. Es decir, no mera inteligencia artificial -que, por lo que me dicen, será otra cosa- sino la creación artificial de almas auténticamente humanas.

Ahí radica lo más interesante del filme. Ava, más allá de la espléndida presencia de la siempre convincente y carismática Alicia Vikander, se nos muestra como un personaje políedrico lleno de dobleces que supera con creces el "simple" concepto de inteligencia artificial.

Con una atmósfera claustrofóbica, plagada de grandes diálogos, Ex Machina es una película interesante que, a pesar de lo improbable, lleva a un final tan cruel como humano y sorprendente.

Si a ello unimos los espléndidos efectos de bajo coste, nos encontramos con un filme potente, en ocasiones ejemplar y siempre perturbador.