Nadal y Gasol

Hace una semana Rafa Nadal ganó el US Open, su decimosexto Grand Slam. Más allá de su capacidad competitiva, de ser uno de los más grandes tenistas de la historia -algunos, como Agassi o McEnroe, le consideran el mejor de siempre-, el ejemplo del manacorí trasciende las pistas por su bonhomía, por su magnífico comportamiento como  ser humano.

En la pista, Nadal tiene ese espíritu asesino necesario para convertirse en campeón. Una vez terminado el partido, inmediatamente se convierte en ese humilde ser humano que todas admiramos, un tipo normal agradecidísimo por sus dones, entregado a su capacidad de trabajo y, sobre todo, respetuoso con sus rivales. ¡Ojalá hubiese más gente así por el mundo!

Su buen amigo Pau Gasol es otro deportista ejemplar. Dos veces campeón de la NBA -en la segunda ocasión debería haber ganado el MVP de las Finales- con Los Angeles Lakers, es con la selección española donde ha alcanzado una mayor grandeza como líder de un grupo de jugadores que lleva tres lustros ganando medallas, honores y elogios en todos los rincones del globo.

Gasol, gane hoy o no la medalla de bronce en el Europeo multinacional cuyas rondas eliminatorias se celebran en Estambul, habrá mostrado de nuevo su capacidad deportiva, fuera de toda duda.

Pero, como Nadal, donde Gasol alcanza la cualidad de superior es fuera de la pista. El pasado jueves, tras la derrota en semifinales ante Eslovenia, desde el principio admitió la superioridad del rival y, lejos de quejas o disgustos, afirmó que había que centrarse en el partido por el tercer puesto.

Además, Gasol siempre ha sido un tipo mesurado, una persona normal, magistralmente acompañado -en la cancha y en la pocha- por Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes, Sergio Llull y ese asombroso equipo en todas las facetas que componen el alma humana. Gasol es, simple y llanamente, buena gente.

Si en el mundo hubiese más personas como Rafa Nadal y Pau Gasol las cosas irían bastante mejor. Su capacidad de trabajo, de autosuperación, es elemento esencial para considerarles auténticos nuevos héroes del siglo XXI. Pero es su calidad humana la que merece todos los elogios del mundo. Su carrera deportiva llegará a su fin; no así su ejemplo.