Quo vadis, Cataluña

Extractos del libro de viajes Cuando Cataluña superó a Albania, escrito por Albert Sole en 2041 pero, por problemas de censura, no publicado hasta 2049 por la editorial Ibérica, Girona.

- “Tras tres referendos, uno de ellos legal, y a pesar de la oposición de España y las condenas de la entonces denominada Unión Europea (UE) y las ya por entonces inservibles Naciones Unidas, Cataluña se proclamó estado independiente en 2023 […]”. (Prólogo, pág. II)

“Según el historiador Herb Williams, el nulo respeto por la ley que los líderes catalanes habían mostrado durante todo el proceso soberanista fue una de las causas principales por las que nació la Comuna de Barcelona, promovida por la CUP y numerosos activistas de la extrema izquierda catalana […].

[…] En los 14 meses que la Comuna gobernó Barcelona se quemaron 17 iglesias, se ocuparon todos los edificios de la Generalitat y se apresó a centenas de opositores mientras bandas de revolucionarios campaban por sus respetos en saqueos y desmanes varios […].

[…] Tras dos meses de asedio, los Mossos d’Esquadra y el nuevo Ejército de Liberación de los Països Catalans entraron en Barcelona el 22 de enero de 2025. Como dijo el comandante Pere Pérez: “aquel dantesco espectáculo, con solares cubiertos de cascotes y portales calcinados, la población famélica, el atronador silencio del terror y la sinrazón… […] provocó en mí un imparable torrente de lágrimas”. (Prólogo, págs. XIII-XIV)

“Circulábamos por los campos que circundaban San Sadurní d’Anoia, antaño poblados de viñedos y ahora afeados por las feas plantas de quinoa. Cuando Cataluña fue expulsada de la antaño denominada Unión Europea, el prestigioso cava, sujeto entonces a aranceles aduaneros, no pudo competir con los champanes franceses, el prosecco italiano y los espumosos de Almansa”. (Capítulo I, pág. 3)

“Poco después de la independencia Cataluña se vio aislada comercialmente en el ámbito internacional. Muchas empresas volaron hacia otros lares, otras intentaron compensar con un aumento de precios –algo inútil por la fuga de capitales–, las más fueron deviniendo en pequeñas compañías dispuestas a servir al nuevo, y minúsculo en comparación, mercado nacional. Aunque los que advertían del peligro fueron calificados de pérfidos enemigos de la patria, de pájaros del mal agüero, el camino hacia la autarquía era imparable”. (Cap. I, pág. 5)

“Las calles de Barcelona recordaban a una ochentera película apocalíptica. Los mendigos menudeaban en el Paseo de Gracia, ahora simple acumulación de los viejos edificios señoriales, en su mayoría derruidos por las violencias de la Comuna. Se veían pocas personas en la antigua capital catalana, los rostros siempre serios, apesadumbrados, mortecinos”. (Cap. III, pág. 32)

“La Zona Franca de Barcelona se asemejaba al esqueleto de un antiguo dinosaurio. Las viejas plantas, los carcomidos almacenes, las naves indefectiblemente abandonadas me despertaban hacia una desoladora e invencible melancolía”. (Cap. III, pág. 45)

“Entonces entramos en la plaza de Olot, capital de la República, donde destacaba la gigantesca estatua de Oriol Junqueras, escultura de aire soviético. […]

[…] En dos días, el 1 de octubre, se iba a celebrar la Diada. Recordando mis precarios conocimientos de historia, pregunté a mi querido amigo Carles por Rafael Casanova.

- ¿Casanova? Un traidor que defendía al aspirante austriaco al trono de España. Junqueras es nuestro libertador, no como esas figuras pseudohistóricas que mencionan algunos cerdos españolistas”. (Cap. V, pág. 59)

“Por todas partes ondeaban banderas esteladas. Cuando un anciano salió de su casa con una cuatribarrada, la multitud comenzó a abuchearle y tirarle tomates, como si fuese un mal actor. Carles me explicó que aquella vieja bandera era un símbolo manchado desde el momento en que Ramón Berenguer IV se había casado con la aragonesa doña Petronila”. (Cap. VI, pág. 65)

“El ambiente de celebración, no pude evitarlo, me recordaba a la sevillana Feria de Abril. Corría el moscatel mientras nos hartábamos de butifarra, caracoles y calçots. A pesar del ambiente triste y empobrecido que había observado desde mi entrada en Cataluña, en la fiesta reinaba un ambiente de sobrio optimismo. Después de todo, en el último año habían superado a Albania en el ránking internacional del PIB por países. Cataluña, a pesar de las trabas aduaneras que imponían los “malnacidos” españoles y europeos, ya había ascendido al lugar 90”.  (Cap. VII, pág. 77)

“El anciano me comentó una vieja y poco conocida anécdota sobre la 1ª Guerra Ibérica: cuando las tropas catalanas debían invadir España a través de la frontera con Castellón, la mitad de los soldados desertaron, corriendo como posesos hacia las líneas enemigas; en cuanto a los demás, se negaron a disparar al verse en franca inferioridad numérica. En lugar de atacar, cocinaron una escudella e invitaron a los españoles a compartir el festín”. (Cap. IX, pág. 102)

“Gracias a un buen soborno y a la escasa moral de la policía montada, conseguí internarme en las montañas que rodeaban al ahora destruido monasterio de Montserrat. Según mis fuentes, allí se escondía gran parte de los grupos españolistas que, desde hacía 8 años, luchaban desde la guerrilla por la reincorporación de Cataluña en España”. (Cap. XV, pág. 167)

“Entonces el abad Roque Guinart, líder del grupo, se adelantó:

- Cada día somos más. Y lograremos nuestro objetivo. Cuando consigamos convencer o intimidar a la mitad más uno de los catalanes, tendremos derecho a volver a ser españoles.

- ¿Y los demás? –pregunté.

- ¿Acaso los que querían ser españoles no tuvieron que emigrar a España en el “Gran Éxodo”? ¿Acaso entonces los Junqueras y demás nacionalistas tuvieron piedad, compasión, mostraron comprensión por lo que pensaba la inmensa minoría?

- Pero entonces tenían España. ¿Adónde emigrarán los que no acepten vuestras ideas?

- Eso es algo que no me importa lo más mínimo”. (Cap. XVII., pág. 182)

“Carles, ufano, bastante ebrio, alabó entonces la memoria de aquellos héroes que, en septiembre de 2017, habían iniciado la revolución. Contra leyes, contra las propias instituciones catalanas, contra cualquier atisbo de sentido común o espíritu de raciocinio, habían comenzado el imparable camino hacia la independencia catalana.

- Quizás pienses que ahora somos más pobres, o que nos hemos metido en varios conflictos bélicos, o que la conflictividad social es imparable, o que apenas hay dinero para sostener nuestro Estado… quizás pienses todo eso, porque lo que nunca entenderás es lo que significa ser libre, temeraria y estúpidamente libre.

Y no supe si en sus palabras había o no un ápice de ironía”. (Cap. XXI, pág. 234).