Lo que importa

Viajo cada verano a Cantabria desde hace cuarto de siglo. Prefiero conducir por la N-623 que por la autovía que une Palencia con Reinosa. Por la vieja carretera nacional, poco antes de llegar al puerto del Escudo, dejas a la izquierda el precioso pantano o embalse del Ebro que se reparten las provincias de Burgos y Cantabria. Ahora mismo se encuentra al 29,4% de su capacidad, el nivel más bajo en tres décadas.

Hace 25 años, al pasar junto al pantano, este se situaba a unos pocos centenares de metros. Ahora se ve en lontananza. Con altibajos, la orilla del embalse se ha ido alejando paulatinamente de la N-623, como si esta carretera en desuso acompañase con su declive al de las aguas.

Si observas España desde el aire en estas fechas, asistes a un dantesco espectáculo de secarral ocre y amarillo que enseguida despierta la sed. Los últimos veranos han sido especialmente calurosos; la piel de toro ya no es la que era. Incluso Cantabria amarillea, como demuestra el hecho de que en Ramales de la Victoria hayan restringido el consumo de agua hace unos pocos días.

El cambio climático, cierto, está cambiando la fisonomía de nuestro paisaje y está mermando las precipitaciones anuales. Es uno de esos asuntos que cualquier estadista medianamente serio trataría de afrontar desde ya. Por ejemplo, una restricción del consumo de agua de 1 a 5 de la madrugada ayudaría a concienciar a la población. Pero, ¿se está haciendo algo?

La “pertinaz” sequía deviene en nueva situación climática. Deberíamos hacernos a ella cuanto antes. Para ello deberíamos tomar medidas que optimizasen el consumo y el ahorro de agua, la sustancia de la que depende la vida y que, quizás, sea la causa de las guerras de las próximas décadas.

Es tan solo otro de esos asuntos esenciales a los que los políticos no miran más que coyuntural y oportunistamente. Otros podrían ser:

– Las pensiones, en peligro por el envejecimiento de la población y por la merma de los salarios de los jóvenes, si es que tienen la suerte de tener uno. ¿Cómo aseguramos el futuro de este elemento esencial del Estado de Bienestar?

– La estructura económica española es mísera. ¿Qué porcentaje real, incluyendo empleados externos y autónomos y empresas que cobran del erario público, vive en España a costa de la teta del Estado y derivados?

– Por extensión, ¿cómo arreglamos el desempleo estructural que nos afecta, mucho mayor que el de los países de nuestro entorno? ¿Por qué dos sindicatos tienen tanto poder cuando apenas representan a un mínimo porcentaje de trabajadores?

– El terrorismo islamista.

– Terrorismo derivado, en parte, de esa mala educación que nace de escuelas y hogares. Un problema tremebundo es la creciente tendencia de numerosos jóvenes hacia posturas radicales de extrema izquierda o derecha, laica o religiosa.

Y cada uno podría añadir dos o tres problemas más a esta lista de asuntos que requieren urgente planteamiento y solución.

Pero ahí estamos, con unos políticos que plantean como grandes problemas la limitación de los mandatos de los cargos públicos o el cambio de la ley electoral, tan necesario pero tan etéreo en las propuestas de mejora. Otros mientras tanto, se enfangan en la defensa imposible de su pasado corrupto mientras los nuevos se miran el ombligo al tiempo que se frotan las manos ante la perspectiva de conseguir más puestos para amigos y familia, que lo importante es la manduca y, una vez asegurada, el lujo. Y todos ellos en plena promiscuidad con medios de información serviles y conchabados por mor de su propia supervivencia.

Aunque la palma se la llevan esos políticos catalanes que juegan la carta suicida de una independencia tan innecesaria como ficticia y temeraria.

Da la impresión de que nuestros políticos se preocupan de lo suyo, no de lo nuestro.

Si me equivoco, en los próximos años el clima nos dará un respiro y podré dar un breve paseo hasta llegar a la orilla del pantano del Ebro. El resto de los asuntos que menciono no se arreglarán solos.

Necesitamos una profunda renovación de nuestra clase política para que por fin se dedique a resolver los asuntos que realmente importan.