Cataluña pone una pica en Londres

Fundado en 1959, el London International Youth Science Forum (LIYSF) reúne, cada verano, a jóvenes de un sinnúmero de países en el entorno del Imperial College y la Royal Geographical Society. Es un evento harto prestigioso, pues solo pueden acudir estudiantes que hayan sido invitados por diversas instituciones de sus respectivos países.

En la ceremonia de inauguración del LIYSF del pasado 26 de julio varios estudiantes españoles se quedaron pasmados cuando, en el desfile de banderas, apareció un chaval, ataviado con una barretina, portando la Senyera (se puede ver en el vídeo anexo entre los segundos 37 y 42). Cuando se hizo la presentación oral de los países, se dijo el nombre de Catalonia. Así, en el acto coincidieron, no por primera vez (la foto que abre este artículo es de 2015; para ver fotos de este año, pinche aquí), las enseñas de Cataluña y España como entidades independientes.

Repito: el acto revela que, por lo menos en ese caso, Cataluña ha aparecido ante el mundo como nación independiente. Quizás se deba a que existe Delegación del Gobierno de la Generalidad de Cataluña en el Reino Unido e Irlanda en Fleet Street, una de las zonas más caras de Londres, o a que alguien, desde España, ha seleccionado a estudiantes en nombre de la nación catalana.

La presencia de la bandera y la nación catalana en la ceremonia de inauguración del LIYSF aparenta ser una usurpación de la soberanía española, por lo menos según la legalidad vigente. Por parte de los extranjeros involucrados–más allá de la confusión, perplejidad y, sobre todo, ignorancia– el acto rezuma torpeza. En el caso de los responsables directos de la petición y consecución de la “proeza”, existe dolo y responsabilidad de algún tipo. Y por parte de las autoridades españolas, desidia y desconsideración.

Así no vamos a ninguna parte. Porque mientras las trompetas siguen sonando en España con ese dislate del 1-O, los nacionalistas avanzan solapada y arteramente colocando sus banderas en escenarios internacionales, sin que los de allá afuera sepan qué narices sucede –ni les importe lo más mínimo–. Entre el ignorante desdén de estos y la disparada y disparatada desvergüenza de aquellos, la cuestión es que el asunto catalán avanza, lenta mas indefectiblemente, hacia una presencia de facto en el ámbito internacional.

Peor aún es ver cómo nuestro ordenamiento jurídico y nuestras instituciones tampoco funcionan allende nuestras fronteras. Si no somos el hazmerreír de medio mundo es porque, simplemente, pasan ampliamente de nosotros.

Hace algunos días un conocido me preguntó para qué servía el cuerpo diplomático en pleno siglo XXI. Intenté defenderlo con forzado fervor. Ahora mismo, empero, ignoro si es útil para algo más que izar banderas o, cuando se puede, colocar algún amigote o socio en el sillón de cualquier ilustre embajada. En Londres Cataluña brilla tanto o más que España.

P.S.: Supongo que en estos casos lo importante es actuar antes de que ocurra el disparate. Pero, una vez ocurrido, ¿no debería actuar algún juzgado o tribunal? ¿Y una queja de nuestro embajador?