Hannah y sus hermanas

Woody Allen, espléndido escritor, magnífico director, es un creador decisivo en el último medio siglo. Su decena larga de obras maestras, aparte de haber influido sobremanera en la nueva concepción de la comedia de diálogos, nos llevan hacia esa pregunta sobre si Allen es genial por su capacidad para retratar las inseguridades del humano contemporáneo o simplemente es imprescindible por su influencia en nuestros miedos, emociones y manera de mirar y entender el mundo.

Hannah y sus hermanas es una de sus mejores obras. Película coral, de numerosas situaciones y personajes, se conforma como un mosaico en el que los personajes se pierden en sus propios defectos y luchan por buscar una salida al problema que ellos mismos han creado.

Solo que aquí, como en muchas de sus mejores películas, el humor, crítico, cáustico, hilarante, lo salpica todo para, junto a un final amable no muy habitual en Allen, estructurar sólidamente un conjunto memorable.

Ahí tenemos a Hannah, la hermana modélica, perfecta sin quererlo y fuente de envidias y miedos. Una de sus hermanas le pone los cuernos con su marido. Y la otra anda perdida, en busca de su identidad en un mundo donde la excesiva sensibilidad te coloca al borde del abismo.

Pero, a mi entender, son los personajes masculinos lo más redondo del filme. Desde el marido de la propia Hannah, entregado a su sexualidad, hasta el artista que se niega a vender su alma al dinero, pasando por el exmarido encarnado en Woody Allen, culmen del neurótico prototípico de su cine, esa creación que, cuando piensa que tiene un cáncer cerebral, afirma “estoy a punto de perder mi segundo órgano favorito”.

Con su bella fotografía, el espléndido guión y un esplendoroso elenco -magníficos Michael Caine y Max von Sydow, impecables Mia Farrow, Barbara Hershey y Dianne Wiest- Hannah y sus hermanas es una obra maestra, una de las mejores comedias de todos los tiempos, un alarde de buen cine de uno de los directores clave en el último medio siglo.

P.S.: Como ya hiciera en Manhattan, Allen menciona a los hermanos Marx como método para hacer más soportable la vida. El humor como terapia. El problema de las comedias de Allen es que esconden un mensaje crítico, acerado, implacable.