Alien: Covenant

Provenientes de críticos profesionales o amateurs y de comentarios internáuticos o carpetovetónicos, han sido muchos los palos que se ha llevado Alien: Covenant. A mi entender, de manera injusta, sobre todo si se la compara con la confusa y pelmaza Prometheus. Cierto que el nuevo estreno es notablemente inferior al Aliens de James Cameron y, sobre todo, al Alien de Ridley Scott. Pero estamos hablando de dos obras maestras de, respectivamente, acción y terror.

Alien: Covenant retoma el hilo narrativo diez años después del fin de Prometheus. El invento, trilógico, quiere contar los antecedentes que llevaron a la nave de donde surge el primer Alien –la de 1979–. Así, con muchas ínfulas y poco sentido, Prometheus fue un inicio penoso. Y gracias a la recién estrenada secuela/precuela, esta trilogía inicial levanta el vuelo para ofrecerse como una historia mejor trabajada, más clara y, sobre todo, más interesante en su línea argumental de fondo.

Así, y evitando los spoilers, Alien: Covenant nos cuenta cómo una nave espacial llega al planeta de los Ingenieros, el mismo adonde habían llegado los supervivientes de Prometheus. Así, nos encontramos con un planeta sin vida animal pero, en cambio, soberbio en su follaje y verdura. Como suele ocurrir con todas las películas de la saga, el planteamiento visual es potente, apoyado magníficamente por un espectacular sonido.

Como siempre, el principal atractivo y elemento de entretenimiento lo componen esos monstruos con ácido como sangre y “mazo” mala leche. Aquí en la 6ª peli de la saga –no cuento entre ellas Alien vs. Predator ni sus secuelas–, la segunda en la línea temporal, la penúltima antes de llegar al momento del Alien original, vemos nacer al ídem además de conocer a un bichos muy feos que se reproducen por esporas que parasitan a sus pobres huéspedes.

Y, junto a los monstruos, poseen especial vigor escénico los dos sintéticos, de personalidad bien diferente pero ambos “encarnados” en Michael Fassbender, rebosante de carisma, dotes interpretativas y contención gestual; aún más grande si rodeado de enanitos.

Al margen de estas pocas pero considerables virtudes, Alien: Covenant comete dos errores imperdonables: por un lado, los humanos que aparecen en pantalla son de una simpleza soberbia, tanto en su construcción como en su comportamiento en pantalla; a saber, son rematadamente planos y tontos del culo; por otro, a pesar de su originalidad, el guión adolece de ir presentando todos los elementos de la peli de manera obvia y torpe, de tal manera que el filme es exageradamente previsible, momentos sorpresa incluidos.

De todas maneras, el filme se deja ver, nos cuenta algo más sobre cómo nacieron los aliens y, gran virtud, de manera no tan críptica como la inextricable Prometheus. A pesar de los paupérrimos personajes, del flojo guión y de la obviedad de las escenas de acción, no es una película tan mala como han dicho, probablemente por el propio peso de la franquicia, el poder de Fassbender y por la calidad técnica.

Probablemente, si Ridley hubiese intervenido algo en lugar de pasarse por allí Alien: Covenant sería bastante mejor.