Premios a Les Luthiers

Muchos expertos no terminan de verle la gracia a La Venganza de don Mendo, a la que, incluso, consideran una obra menor. Son cosas que tienen que ver con el humor. La comedia de Pedro Muñoz Seca, empero, es una las mejores piezas de la dramaturgia del siglo XX; y un espectacular juego idiomático, pues rara vez se ha convertido un idioma en algo tan elástico y desopilante.

En castellano, solo el medio siglo de Les Luthiers es comparable a lo que logró Muñoz Seca. El grupo argentino, a medio camino del concierto, el teatro y la stand-up comedy, ha hecho reír con sus magníficas piezas a decenas de miles de espectadores que, año tras año, acuden en procesión a sus espectáculos. Y si bien la música y la carga crítica son geniales, a mi entender son sus constantes, brillantes e inopinados juegos de palabras los que convierten en sublime su sentido del humor.

Ahora acaban de concederles el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, una estrambótica categoría que lo mismo ha premiado a Annie Leibovitz que a National Geographic Society, a Google o a Emilio Lledó. Viendo la lista de galardonados en este capítulo, es difícilmente discernir cuál es la línea argumental, de pensamiento, que sigue el ilustrísimo jurado que concede tan ínclita distinción.

Quizás por ello –también se lo dieron a Quino, genial creador de Mafalda– Les Luthiers se merezcan más que nadie el Princesa de Asturias en esta categoría. Bien pensado, habrían podido ganar el de Artes o el de Letras, pero ya se sabe que en estos apartados el humor no está especialmente bien visto, aunque en una ocasión Woody Allen fuese el seleccionado en la primera categoría.

En cualquier caso, bienvenido sea el premio a uno de los principales referentes del humor contemporáneo, quizás el más grande en castellano, o español, que dirían los propios Les Luthiers. Los Princesa de Asturias, que con el deporte ahondan en su propio surrealismo, dan y necesitan prestigio, y nada mejor que homenajear a unos cómicos que saben comunicar a tres o cuatro generaciones diferentes. Su humor, blanco y a la vez crítico, no conoce del paso del tiempo.

Además, en inconsciente imitación del absurdo del grupo, el jurado les ha concedido el premio porque “su original tratamiento del lenguaje, de los instrumentos musicales y de la acción escénica atrae a cientos de miles de espectadores de todas las generaciones, que han convertido a Les Luthiers en un espejo crítico y en un referente de libertad en la sociedad contemporánea”. ¿A qué se refiere ese “que”, ese pronombre relativo? ¿Son los espectadores los que componen ese espejo crítico? ¿O son las generaciones los que les convierten en referentes de la libertad?

Sin quererlo, el jurado, con el mismísimo Víctor García de la Concha a la cabeza, ha jugado a la imprecisión lingüística para premiar a unos maestros del idioma. Quizás esté cundiendo el espléndido ejemplo de Les Luthiers y, por una vez, podamos ver la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias con una sonrisa en lugar de entre bostezos.