Hotel Rwanda

En España casi siempre nos perdemos los maravillosos acentos con los que los intérpretes anglosajones completan sus personajes. En este sentido, nadie como Meryl Streep para camuflar su voz con tintes australianos, sureños o daneses. Probablemente, si Don Cheadle aspiró al Oscar al mejor actor por su papel en Hotel Rwanda se debió a su magistral dominio del inglés con giros supongo que ruandeses.

Pero la actuación de Cheadle es mucho más que un simple acento. Su personaje, basado en un tipo real, se enfrenta a la matanza de tutsis en 1994, cuanto el 70% de esta etnia/clase social -instaurada, según Kapuscinski, por los belgas- fue masacrada por los hutus. Y, como un Schindler africano, consigue salvar a más de 1000 personas usando el hotel que regenta como escudo y refugio.

Así, este tipo real que encarna Don Cheadle nos sirve de punto de vista para observar una de las mayores masacres a las que hemos asistido en tiempo real. Y, mientras el personaje intenta sobrevivir y proteger a propios y extraños, Hotel Rwanda muestra la sinrazón del ser humano desatado y la cobardía de los gobiernos occidentales, incapaces de afrontar un problema del que sin duda somos responsables directos.

Ahí tenemos a personajes como los de Jean Reno o de Nick Nolte reconociendo el fracaso de Occidente. Como los Cascos Azules holandeses de Srebenica en 1995, la ONU y el resto de los países occidentales huyeron, miraron a otra parte, mientras en Ruanda se asesinó a más de 800.000 personas.

Y el personaje de Cheadle, solo, se construye como un tipo normal que se crece ante la adversidad para devenir en héroe -por lo menos en la peli, porque en la vida real Paul Rusesabagina puede que no fuese tan santo-. Y el actor lo hace con mesura, dominando la mirada, manejando el tempo y controlando un infinito despliegue de recursos interpretativos.

Hotel Rwanda, empero, es mucho más que la simple aunque memorable interpretación de Don Cheadle; es una película dura, magistral en su propuesta de hechos históricos, que denuncia un genocidio e insinúa esa culpa que deberíamos sentir los occidentales cuando miramos a África, cuyos problemas son en gran medida culpa de un pésimo y avaricioso colonialismo.

Pero, en lo artístico, al final todo queda en el acento de los actores. Porque Hotel Rwanda fue peli de poco público, y aún menos repercusión sociopolítica. Esperemos no tener que ver nunca otra película tan dura y reveladora.