Sobre la poesía

De manera sencilla la canción Johnny B. Goode nos cuenta la historia de un joven analfabeto que aprende a ganarse la vida tocando la guitarra. Chuck Berry, su autor, no será recordado por la calidad de sus letras, pero el influjo que estas tuvieron en el rock es tan notorio como su música, por lo menos hasta la llegada de Bob Dylan y discípulos.

Chuck Berry, de manera algo poética, falleció tres días antes del Día Internacional de la Poesía, que cae el 21 de marzo porque la UNESCO pensó, otra vez en plena lucidez, que el equinoccio de primavera era la fecha idónea para celebrar el género lírico. Pero apenas se habló de Berry o de Dylan, sino que este año le tocó el protagonismo a Gloria Fuertes porque se cumple el centenario de su nacimiento. La gran poetisa, claro está, se merece el homenaje, aunque sería de agradecer que la gente la leyese algo más que una vez cada cien años.

En España apenas se lee poesía. En el colegio se comienza haciendo leer a los niños poemas bobos de ritmos y onomatopeyas, como si la lírica fuese un balbuceo oligofrénico –o, aún peor, se les introduce en Platero y yo, uno de los libros más plomizos que vieron los siglos–. Más adelante, los alumnos de secundaria aprenden a contar las sílabas de cada verso y el nombre de multitud de figuras retóricas para enseguida memorizar una serie de características más o menos opinables sobre conceptos tan etéreos, dudosos y reduccionistas como Renacimiento, Barroco o generación del 98 –que tuvo grandes poetas, como reconocieron los jóvenes del 27 en su propia antología pero no los actuales libros de texto–.

Así, los chavales leen más características que poemas. El asunto resulta tan estrambótico que la gran mayoría de los profesores de Literatura habla sin saber muy bien qué dice. Por ejemplo, sitúan a Garcilaso de la Vega en la línea petrarquista sin haber leído nunca el Cancionero del gran Petrarca, padre además de la filología moderna. Otro ejemplo: ¿acaso alguien que no sea un experto puede haberse leído con atención toda la producción de la generación del 27?

Este es el sistema con el que aprendemos (?) literatura en España. No leemos sino que comentamos y repetimos las mil medias verdades que ya se enseñaban en los tiempos mozos de Gloria Fuertes.

Es cierto que no leemos poesía. Pero, curiosamente, los jóvenes sí que son aficionados sin que ellos mismos terminen de entenderlo. Mucha gente puso en duda que Bob Dylan mereciese el Nobel de literatura. Del mismo modo a los chavales les cuesta comprender que el rap, el pop, el reguetón… se forman a partir de letras que, buena o mala, es pura poesía. Y estas letras, como si fuésemos eruditos, generan rechazos y adhesiones inquebrantables.

Pero nada, sigamos conformándonos con este día señalado por la reduccionista UNESCO mientras el acervo cultural español y universal se sigue olvidando, ignorando y ninguneando de forma sistemática. Ahí, por ejemplo, tenemos a Manuel Machado, probablemente mejor poeta que su hermano Antonio pero ineludiblemente eliminado de los libros de texto.

Así, mejor que un poema de Gloria Fuertes, que hemos oído muchos esta semana, terminemos el artículo con Adelfos, glorioso poema de Manuel, muy superior al Retrato de Antonio en Campos de Castilla.

ADELFOS

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron

-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el ama de nardo del árabe español.

 

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

en que era muy hermoso no pensar ni querer…

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…

De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

 

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos…

y la rosa simbólica de mi única pasión

es una flor que nace en tierras ignoradas

y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

 

Besos, ¡pero no darlos! Gloria… ¡la que me deben!

¡Que todo como un aura se venga para mí!

Que las olas me traigan y las olas me lleven

y que jamás me obliguen el camino a elegir.

 

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.

No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.

Un vago afán de arte tuve… Ya lo he perdido

Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

 

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.

No se ganan, se heredan elegancia y blasón…

Pero el lema de casa, el mote del escudo,

es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

 

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme

lo que hago por vosotros hacer podéis por mí…

¡Que la vida se tome la pena de matarme,

ya que yo no me tomo la pena de vivir!…

 

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

en que era muy hermoso no pensar ni querer…

De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.

¡El beso generoso que no he de devolver!