Logan

Cuando llega un nuevo estreno de Marvel es inevitable sentirse como Bill Murray en Punxsutawney, condenados a vivir una y otra vez las mismas aventuras, con los mismos personajes, con las mismas estructuras narrativas. Sin embargo, de vez en cuando, quizás cada 3 o 4 películas, alguno de estos filmes de la factoría sobresale enorme y cualitativamente, como Spiderman 2, Iron-Man y X-Men: Días del futuro pasado.

Precisamente debemos estar de enhorabuena porque Logan, la décima entrega de la eterna saga de los X-Men, es un magnífico vehículo cinematográfico, con personajes profundos, una espléndida historia y la violencia necesaria para convertir en trepidantes los números de acción.

La primera gran virtud es que a Lobezno, uno de los mejores personajes Marvel, se une el carisma de Hugh Jackman, simbiosis tan solo similar a la de Robert Downey Jr. y Tony Stark. Pero si Lobezno Inmortal era mala de solemnidad, Logan es en un drama intenso, cautivador, sobre la decadencia, que mejora cuando habla de lo humano y decae cuando se mete en rollos de pseudo-ciencia-ficción.

Ahora Logan/Lobezno se nos presenta como un exhéroe, viejo, hastiado, enfermo, obligado a sobrevivir porque tiene que cuidar del profesor Charles Xavier, aún más anciano, senil, aparentemente indefenso. En lugar de la premisa de siempre, Logan es una peli sobre dos personas que, al final del camino, encuentran la posibilidad de redimirse, de salvarse a ellos mismos en lugar de al mundo.

Porque, junto a ellos, aparece una niña(1), mutante, perseguida, un magnífico complemento para que Logan recupere las ganas de vivir y de sacrificarse por los demás. Ahí se encuentra la gran virtud de esta película: que, más allá de la acción –y, repito, de la endeblez de las premisas genéticas– cuenta una auténtica historia, cercana, próxima, reconocible, perfectamente humana, y que en sus tintes de tragedia consigue ser ciertamente catártica.

Además, desdiciendo a la gran mayoría de las pelis Marvel, la violencia aquí es sangrienta, impactante, dura, como si se hubiesen escuchado mis quejas sobre la blandura de fondo de la Civil War del Capitán América. A Lobezno, por fin, le vemos como la persona violenta, el perfecto asesino que siempre intuimos en sus formas.

Así, tenemos ante nosotros una buena película de acción que se esconde bajo un hondo y sentido drama. Pero, ¿cómo recomendar esta película a alguien que no esté familiarizado con el universo Marvel? ¿Cómo convencer a nadie de que aquí hay mucho más que simples puñetazos y patadas? ¿Acaso tiene sentido esta película de vejez, sacrificio y decadencia si no se han visto las pelis anteriores de Lobezno, si no se le conoce como al viejo y carismático personaje que es?

Tamaña contradicción, esta, en la que las buenas películas no tienen por qué gustar a todos los espectadores. Logan, sin abandonar el espectáculo Marvel, aborda numerosos matices existenciales poco habituales en el cine taquillero. Ahora habrá que ver si cunde el ejemplo de que con un buen guión mejora cualquier película… o si simplemente algún productor codicioso se limita a recuperar a Lobezno digitalmente o, sencillamente, con una nueva cara.

(1) Espléndida Dafne Keen, la niña de la película. Solo ella merece el precio de la entrada.