Los hermanos Marx en los Oscar

Ya avisé, hace un par de semanas, que no debíamos descartar que Moonlight se llevase el Oscar a la mejor película. Al margen de que La La Land ha sido un gran éxito de taquilla y ha ganado todos los demás premios, la película dirigida por Barry Jenkins trata de un homosexual afroamericano que crece en un barrio misérrimo de Miami. Cuando hablamos del Hollywood del siglo XXI, nunca debe infravalorarse algo tan políticamente correcto, aún menos tras la pataleta y posterior polémica que la mujer de Will Smith montó el año pasado.

A pesar de la gran sorpresa del triunfo final de Moonlight, Hollywood se las ha arreglado para que el recuerdo que permanezca en la mente de todos sea el error garrafal cometido, sin culpa alguna por su parte, por Warren Beatty y Faye Dunaway, que así no pudieron saborear el homenaje que se les ofrecía al poder entregar el último premio. Ni los hermanos Marx en su mejor momento habrían ideado tamaño absurdo, que convierte en farsa lo que debería ser espectáculo, alegría, puro cine.

Así, durante unos segundos, La La Land se convirtió en el Oscar a la mejor película más breve de la Historia. Algo que, quizás, compensarán sus otras seis estatuillas –espero que perennes– entre las que destacan director, fotografía y el que reconoce la maravillosa actuación de Emma Stone.

En cualquier caso, este homenaje al mejor cine musical del pasado, esta recreación de las comedias románticas de las últimas décadas, será la película que recordaremos y revisitaremos en los próximos lustros. Es osado vaticinar cómo envejecerá cualquier creación artística, pero La La Land transmite buen rollo, emociona, es una buena producción que ha conquistado a gran parte del público.

Público que, por otro lado, habría querido que ganase el Oscar a la mejor película, ese que “no” dieron Beatty y Dunaway. Pero la Academia eligió a Moonlight, buena película pero que, por muchos premios que gane, siempre será minoritaria por tema, ritmo y alcance estético. Sus escenas, morosas, tienen enorme belleza pero no es lo que busca la gran mayoría de espectadores.

Pero esto engarza con muchos Oscar a las mejores películas que, en numerosas ocasiones, pertenecen a ese tipo de producciones que solo se ven una vez. Por ejemplo, ¿quién se atreve de nuevo con Gandhi o El último emperador?

Claro que estas fueron grandes producciones. Moonlight, como Birdman, Crash o The artist, es una película que los grandes estudios de Hollywood jamás producirían… porque ahí no hay dinero. Pero la Academia las premia, quizás como acto de redención, quizás porque los nuevos académicos tienen muchas ínfulas… pero en cualquier caso en detrimento del espectáculo y el espíritu glamuroso y mercadotécnico de los premios más famosos del mundo.

En algún lugar deben de estar partiéndose de risa los hermanos Marx. Su filosofía inunda numerosos ámbitos –político, social, ético…– en los que nunca se les tomó en serio. Ahora la Academia de Hollywood, ante la imposibilidad de darles un Oscar honorífico, les ha rendido el más sincero mas inconsciente homenaje. Si el siglo XX fue el siglo del marxismo, ahora estamos en la época del marxianismo.