John Hurt

El pasado mes de septiembre escribí sobre la tremenda actualidad de 1984, la distopía en la que George Orwell imaginó un catastrófico futuro al que, en muchos terrenos, estamos superando. Ahora, tras la victoria de Donald Trump y en torno al concepto de “posverdad”, la novela se ha convertido en un éxito de ventas. Es una lástima que nuestra incultura nos incapacite para prevenir antes que recurrir a posteriori a las obras que nos advierten de nuestras carencias y sus posibles y consecuentes riesgos.

En el mismo año del título, 1984 se adaptó al cine con el protagonismo del recién fallecido John Hurt, así convertido para siempre en Winston Smith, el corrientísimo y escéptico protagonista de la obra maestra de Orwell. Como siempre, el actor nos entregó una espléndida interpretación.

Hurt fue otro fruto de la Royal Academy of Dramatic Art, un ejemplo más de la espléndida e inagotable cantera de intérpretes ingleses, dominadores de la voz, de la mirada, de los gestos… interminables en sus recursos dramáticos, siempre eficaces en cine, teatro y televisión.

Precisamente, el primer gran éxito de Hurt llegó en la televisión. Tras pasar, como secundario, por muchas producciones en los tres medios, en 1975 conquistó al público y a la crítica inglesas por su papel de homosexual en la TV-movie El funcionario desnudo.

A partir de ahí, con altibajos, su reconocible y peculiar rostro fue encadenando papeles memorables. Daba igual que encarnase a un preso en El expreso de medianoche, o al solitario desfigurado de El hombre elefante, al tirano de V de Vendetta o a un profesor de la saga Harry Potter. Siempre resultaba creíble, intenso, dominador de sus papeles y de la pantalla.

Pero cosas de la vida, Hurt pasará a la historia por ser la primera víctima de Alien. Él, actor con recursos, será siempre aquel pobre tipo al que, comiendo creo que ensalada, el bicho le destrozó las tripas.

Lo que nos lleva de nuevo a la simbología de Alien, a ese monstruo parásito que, desde dentro, alimentándose de nosotros, nos destruye con la única intención de perpetuarse. Si los unimos con 1984, podemos dibujar una trágica alegoría del mundo del siglo XXI.

En cualquier caso, recordemos a John Hurt, reconocible rostro de más de cien producciones del último medio siglo.