Desviviéndonos por lo fofo

Hace dos semanas el Real Madrid de Zidane era un ejemplo a imitar por su impecable racha de 40 partidos sin perder. Ahora, tras una derrota en Liga y la eliminación en la Copa del Rey, es un equipo en crisis, un cúmulo de errores y una fuente inagotable de preocupaciones. Valga este ejemplo para ver cómo convertimos en categoría lo que es simple circunstancia, un giro más del devenir diario, de lo cotidiano. Pero, presos de la actualidad, incapaces somos de profundizar y mirar más allá de lo puramente anecdótico.

Así, un año más, llegan los Oscar, que nos tendrán ocupados más o menos un mes de nuestras vidas. Pero claro, que La La Land haya obtenido 14 candidaturas es pura noticia, algo extraordinario que debemos celebrar y comentar largo y tendido. Antes que ella, solo Eva al desnudo y Titanic habían obtenido tantas nominaciones a unos premios que deciden alrededor de seis mil personas.

Cuando Eva al desnudo obtuvo, en 1950, 14 nominaciones, había 22 categorías sin contar el Oscar honorífico. Claro que entonces vestuario, dirección artística y fotografía se desdoblaban en blanco y negro y color. También se distinguía entre banda sonora original y adaptada. Así, si tenemos en cuenta que el guión es original o adaptado, y que el filme no podía competir a la mejor película en habla no inglesa, Eva al desnudo, la gran triunfadora de aquella gala, obtuvo 14 nominaciones de las 16 posibles. Solo falló en efectos especiales y en mejor argumento, pues su guión era una adaptación.

Titanic, sin contar los Oscar a los que no pudo optar, consiguió 14 de las 18 nominaciones posibles, pero sin que el protagonista, Leonardo Di Caprio, ni el guión estuviesen entre ellas. Y ganó once estatuillas, entre ellas las de mejor sonido y mejor edición de sonido. Hasta entonces solo otra película, Ben-Hur, había ganado tantos Oscar, 11 de 12 candidaturas –en la categoría que no ganó fue en la de guión adaptado–. Y después solo ha repetido tamaña hazaña El señor de los anillos: El retorno del Rey, pero sin que ningún actor fuese galardonado –igual que Titanic–.

La La Land entra así, de lleno, en esta peculiar lista de números sin mayor alcance. Ha obtenido 14 candidaturas de 17 posibles, pero repitiendo, con dos, en la categoría de mejor canción. Ha quedado fuera de los efectos especiales, maquillaje y, siendo una película tan centrada en su pareja protagonista, de los premios a los intérpretes de reparto. Así, al contrario que Titanic, y sí como Eva al desnudo, aspira a todas las categorías más importantes.

Después de todo, estamos ante una de las películas más originales y refrescantes de los últimos años. Por una vez, he prestado atención a las candidaturas a los Oscar. La La Land se lo merece. Pero, recordemos, solo son números. Que triunfe o no el próximo 26 de febrero apenas importa.

Porque, cuando pasen los Oscar, la vida seguirá adelante, por lo menos durante otros 11 meses. De la misma manera, el Madrid tornará en invencible cuando gane dos partidos seguidos. Hasta que pierda otro y/o le eliminen de la Champions. Esto es lo cotidiano, lo anecdótico, lo nimio, lo banal, pero nos comportamos como si nos fuese la vida en ello. Y, lamentablemente, la vida nos va en muchas otras cosas mucho más importantes que, tristemente, no siempre son noticia… pero, afortunadamente, ahí seguirá, siempre, La La Land para olvidarnos durante un par de horas de nuestros problemas, murrias y melancolías.