Figuras ocultas

Alguien se ha quejado en la red porque en Figuras ocultas, biopic ambientado en los años 60, ningún personaje aparece fumando. Tan nimia anécdota nos revela de nuevo en qué memo mundo nos sostenemos: por un lado, ahí tenemos al correctísimo Hollywood que, por mor del realismo, ensucia uñas pero borra tabaco; por otro, a los que se quejan por tan absurdo detalle en lugar de preocuparse por asuntos más serios.

Figuras ocultas, en cualquier caso, es una película interesante, un filme sobre pioneras en uno de los ambientes más pioneros: la carrera espacial de los años 60 entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En torno al primer viaje orbital de John Glenn se sitúa el argumento del filme, que recupera la figura de tres mujeres negras que tuvieron que sortear el machismo y la segregación racista para hacerse el lugar que merecían sus capacidades y dedicación.

Así, Figuras ocultas, por acumulación, entra de lleno en la bienintencionada corriente que reivindica a quien se lo merece a partir de la acumulación de elementos sometidos y humillados hasta hace no mucho tiempo. Ser mujer en un mundo de hombres no era nada fácil; para más inri, nuestras protagonistas vivían en una suerte de gueto para negras en plena NASA, paradigma de los avances científicos que, a principios de los 60, tampoco escapaba a la estúpida lacra de la segregación racial.

Este es el punto de partida de una película que retrata y muestra a una excelsa matemática, a una potencial ingeniera y a la que a la postre se convertiría en primera mujer supervisora de la NASA. La gran virtud de Figuras ocultas es alejarse del exceso de dramatismo, del panfleto, y contar desde lo aparente trivial, convirtiendo en secuencia intensa y sentida una carrera hacia el retrete en lugar del típico discurso sobre derechos y libertades que tantas veces hemos escuchado. A partir de estas anécdotas se construye una historia amena y original.

Sin grandes alardes escénicos ni argumentales, Figuras ocultas es una comedia costumbrista que, hacia el final, cae en los tópicos típicos de los viajes espaciales. Aparte, quizás peque de ingenua y superficial en la presentación de las vidas personales de las protagonistas y quizás al elenco le falte algo de magnetismo –Kevin Costner, aquí, es un gigante–… pero Figuras ocultas es una buena película, bien hecha, espléndidamente ambientada –sin humos–, correctamente interpretada, que, al son de una buena banda sonora, respeta la realidad y nos descubre nuevos personajes históricos. A lo que, supongo, hay que unir su espíritu reivindicativo sin rencores.

Si lo pensamos detenidamente, es absurdo crear polémica sobre la presencia o no de cigarrillos en esta película, pues aquí lo importante es pensar cuánto han cambiado las cosas en los últimos 50 años. En cualquier caso, la ausencia de humo le quita enjundia y verismo a Figuras ocultas. Da igual porque, aparte de haber pasado un buen rato, ahora sé quiénes fueron y qué hicieron Katherine G. Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson.