Patria

En estos tiempos en los que hasta el nuevo presidente de los Estados Unidos se comunica a través de Twitter, en este mundo en el que lo breve se impone a lo enjundioso y la ocurrencia se confunde con el ingenio –¡Qué bien escribió Unamuno sobre el tema!– es necesario encontrar la lucidez y la profundidad en los libros de toda la vida, en los buenos ensayos, en libracos de historia, en las grandes novelas.

Personalmente, suelo sentirme más cercano a las palabras y argumentos de Ian McEwan, William Boyd, Zadie Smith, Joyce Carol Oates… a los mundos que me vienen del entorno anglosajón. La narrativa de nuestro entorno apenas me dice nada: Muñoz Molina, Grandes, Lindo, Prada… parecen vivir en un planeta diferente. Y Pérez Reverte, que conmueve y dinamita en sus artículos, rara vez cuenta nada interesante en sus novelas.

Pero de vez en cuando se publica una novela española que nos dice quiénes y cómo somos. Patria, de Fernando Aramburu, vasco afincado en Alemania, es uno de estos libros que aparecen cada mucho tiempo y que nacen para quedarse. En este caso, por haber reflejado las contradicciones, miedos, el terror y la tiranía que han machacado el País Vasco durante décadas.

Patria parte del anuncio en el que ETA abandonaba definitivamente las armas. A partir de ahí Bittori, viuda de un asesinado por la banda terrorista, decide volver a su pueblo para enfrentarse a aquellos que le dieron la espalda, que la despojaron de su hogar y de su marido. Entre ellos, Miren, madre de etarra, capaz de renunciar a cualquier resquicio de humanidad por seguir los instintos de la carne y de la sangre.

Durante las cien primeras páginas la novela es un tanto repetitiva. Estos dos personajes dominan la acción y parece que el tiempo se ha detenido. Pero entonces entran en escena otros personajes y, sobre todo, el pasado. Aramburu nos traslada a lo que fue la relación entre las dos familias antes de que al marido de Bittori ETA le señalara con una diana, a lo que aconteció a continuación, al acoso, al asesinato, a las reacciones a la muerte, al adoctrinamiento y preparación del terrorista, a la huida hacia adelante de su propia familia… hasta volver al presente y ver cómo la vida, siempre, termina siguiendo su curso.

Más allá de las dos madres, dos personajes un tanto planos, demasiado obvios, Patria está plagada de personas de carne y huesos, seres humanos que intentan sobrevivir como pueden a las carencias e incongruencias de una sociedad deshecha por la violencia y el odio. Y así, con el entorno del terrorismo de fondo, nos convertimos en testigos de un puñado de vidas tan verosímiles como emotivas e interesantes, cercanas.

De prosa original y viva, de perspectivas poliédricas y envolventes, Patria no es un libro de lectura fácil. Pero pronto te sumerge de lleno en las vidas del Txato y de Joxian, de Xabier, de Joxe Mari y los demás hijos, en un espléndido retrato de una sociedad dividida por razones absurdas en lo que a la vez es una espléndida reflexión sobre el sinsentido de la violencia y las ideologías excluyentes.

Cierto que Patria podría haberse escrito antes. Pero ya tenemos una de esas novelas condenadas a convertirse en clásicos si lo permiten las autoridades educativas. Nos cuenta, bien, una historia cercana, y así deja, al futuro, una mirada ácida, neutra y directa a un par de familias que sucumbieron a ese País Vasco que construyó ETA.

Además, Patria nos demuestra que aún no somos un completo erial literario. Y aún quedan un sinfín de temas y problemas sobre los que deberíamos escribir, leer… para conocernos mejor e intentar salir de nuestras múltiples y seculares miserias.