¿Qué nos falta?

Ahí tenemos de nuevo a José María Aznar en las noticias. Según parece, a Oleguer Pujo le están juzgando, ¿otra vez? Y, con motivo de su fallecimiento, el pensamiento de Zygmunt Bauman alcanza un brillo fugaz que, de alguna manera, sirve para recordamos que vivimos en un mundo de volátil plastilina.

Pero, ¿qué pasa con Alepo? ¿Continúa la guerra de Siria? ¿Qué está ocurriendo en Yemen? Nada de esto importa demasiado porque Donald Trump va a dar mucho que hablar en trágico y revelador ejemplo del mundo en el que vivimos. A partir de ahora costará distinguir lo esencial de lo digno del reality de las Kardashian.

El concepto del periodismo, en cierto modo, se ha quedado antiguo para el vertiginoso mundo de la sobreinformación al que, mal que bien, sobrevivimos. Lo fugaz de lo notorio ha crecido hasta límites insospechados; los quince de minutos de fama de Warhol quizás se han convertido en segundos. Y lo que define a una auténtica noticia ha empequeñecido hasta un extremo en el que importa más un padre que usa la presunta enfermedad de su hija que las acciones que haga o deje de hacer cualquier ministro del Gobierno.

El periodismo, evidentemente, debe continuar con su labor de seleccionar aquello que debemos conocer. Pero, ¿qué pasa cuando los informativos televisivos se convierten en una simple retahíla de sucesos? ¿O cuando los periódicos tradicionales devienen en serviles acólitos de los poderes fácticos? ¿O cuando las radios se mueven entre el vasallaje y la inanidad?

Por otro lado, el periodismo, por su esencia de crónica de la actualidad, es insuficiente para crear serias y constantes corrientes de opinión y concienciación. No podemos esperar a que Siria vuelva a ser noticia; ni olvidarnos de qué Trump continúa ahí si durante un par de días deja de usar Twittter; ni de que la Deuda Pública crece exponencialmente mientras se vacía la hucha de las pensiones.

Algo hay que hacer, urgentemente, para que el pensamiento constante, independiente de la actualidad y de todo lo demás, tenga un importante peso específico en la conformación de la realidad. Bauman, o el que sea, todos los días, a todas horas, en cualquier lugar.

Porque, mientras el cuarto poder pierde ascendencia, prestigio y el norte, la sociedad red se despliega como un gigantesco cúmulo de rumores, medias verdades y mentiras atroces con las que se nos bombardea desde las redes sociales y cualquier otro rincón de internet sin que gran parte de la población sea capaz de discriminar lo cierto de lo falso, lo enjundioso de lo nimio. De ahí que, en lógica y aterradora consecuencia, los grandes nombres sean Kim Kardashian, Justin Bieber o Donald Trump.

Mientras tanto, en esta confusión de valores y prioridades, hay que estar atentos a los intentos de imponer su opinión de algunos grupos minoritarios y/o extremistas. En Londres algunos estudiantes piden que se deje de estudiar a Platón o Kant por colonialistas. La violencia machista se concibe como la gran lacra de nuestro siglo sin prestar atención a todas las demás manifestaciones de la violencia. Algunos quieren equiparar a animales y seres humanos. Y lo extremadamente raro se quiere convertir en normal y cotidiano.

¿Qué nos falta? Periodistas más serios, desde luego. Además, una sociedad más ilustrada, mejor educada, más abierta a enfrentarse a las esfinges de la verdad, de lo serio, de lo auténticamente preocupante… O, como considero cada vez más probable, poco nos falta porque no hay nada que hacer. Por mucho avance en todos los terrenos la esencia del ser humano es la que es: de ahí que apenas podamos diferenciar los comportamientos del antiguo pueblo romano y de las actuales masas de ciudadanos universales.

P.S.: Hay una cosa que, desde la crítica sincera y amarga, nunca debemos olvidar. Vivimos mejor ahora que hace medio siglo, y en Europa mejor que en cualquier otro sitio. Hago esta aclaración porque también percibo que, desde nuestra libertad y capacidad para la autocrítica, tendemos autodestructivamente hacia la desmemoria y la confusión absoluta de valores y valoraciones.