Gil Parrondo

Los decorados, antaño artesanales, hogaño virtuales, son parte esencial para que una película adquiera la pátina de verosimilitud que requiere cualquier producción cinematográfica. Es un elemento más, indispensable, de la magia del cine.

Los decorados, empero, no tienen que ser reales, ni siquiera realistas; solo parecerlo. Por ejemplo, si ves de cerca una estantería de Doctor Zhivago quedarás sorprendido por lo cutre que es. Sin embargo, en la peli parece digna de un rey.

Gil Parrondo es uno de los nombres fundamentales del cine español y universal. En primer lugar, porque desde 1939, cuando entró a trabajar en los estudios de Aranjuez, hasta este mismo año que termina, trabajó incansablemente en numerosas producciones que, además, destacan por su buen hacer en la dirección artística o, como él prefería, en los decorados.

Su filmografía, por otro lado, es tan amplia que ni imdb ni el Diccionario del Cine Español consiguen recoger todas sus películas -faltan muchísimos títulos en los que se supone trabajó-. Por ejemplo, en ninguna aparece el nombre de Doctor Zhivago, aunque él mismo habló de lo que supuso trabajar con el director, David Lean. Pero es que, supongo, había algún otro director artístico y él trabajaba como simple constructor de decorados sin aparecer en los títulos de crédito… que conserva Internet.

Pero Gil Parrondo, entre otros muchos logros, construyó una reproducción de las murallas de Ävila para Orgullo y pasión, copia que terminó saltando por los aires. Por otro lado, su versatilidad era tal que lo mismo recreaba ambientes circenses como en El fabuloso mundo del circo que reconstruía Roma en La caída del Imperio Romano o las tiendas de Alejandro Magno.

A continuación llegaron Patton y Nicolás y Alejandra, las dos películas que sí reconocieron su labor, pues gracias a ellas ganó sus dos Oscar, lo que, afortunadamente, le reserva un lugar indeleble en el Parnaso cinematográfico.

En sus úlimas décadas de carrera realizó para el cine español algunos trabajos memorables, como en Bearn o la sala de muñecas o Las bicicletas son para el verano. Aunque, probablemente, fue trabajando para José Luis Garci cuando hizo sus mejores trabajos: Canción de cuna, El abuelo y Tíovivo c. 1950.

Gil Parrondo fue un maestro, un ejemplo a seguir. Se ha despedido de nosotros en Nochebuena. Descanse en paz… y en el recuerdo agradecido de todos los que amamos el cine.