Presuntos espías y traidores

La semana pasada circuló por internet una propuesta para boicotear La reina de España, la última película de Fernando Trueba, por unas desafortunadas declaraciones que el director había realizado al recoger el Premio Nacional de Cinematografía. Según dicha propuesta, la falta de “españolidad” era motivo suficiente para ignorar sus producciones, en buena parte financiadas con dinero nacional.

Personalmente, no creo que haya que marginar a nadie por sus ideas, y mucho menos a un creador. Si yo no fui a ver La reina de España fue por un motivo bien diferente: si La niña de tus ojos me pareció rancia y excesiva, ¿por qué ver su continuación? Aparte, el tráiler de la película es un burdo homenaje a un cine español, vacuo y militante, que camina hacia su autodestrucción. Si así es la promoción, no quiero ni imaginarme cómo será el filme entero.

Por eso opté por ir a ver Aliados, a pesar de que la españolidad del director, Robert Zemeckis, la supongo aún menor que la de Fernando Trueba. En Aliados se nos cuenta una historia de espías que, nada disimuladamente, homenajea a Casablanca en su primer tercio de metraje. Desmesurado atrevimiento que, como era de prever, fracasa absolutamente.

Este principio de la película nos cuenta cómo, durante la Segunda Guerra Mundial, se conocen dos espías, uno canadiense y otra francesa, para asesinar al embajador alemán en Casablanca. Los diálogos son blandos, la ambientación poco o nada creíble, las circunstancias inverosímiles… pero lo peor es que la química entre Brad Pitt y Marion Cotillard es tan inexistente como la que (des)une a Mariano Rajoy y Pablo Iglesias.

A pesar de su insustancial comienzo, y pese a que luego esta gélida pareja se enamora y casa, Aliados es recomendable gracias a su segunda mitad, cuando él tiene que comprobar si ella es o no una agente doble. Aquí entra en juego el mejor Zemeckis para contarnos una historia tensa, entretenida, en el que se mezclan eficazmente acción y misterio. Una buena de espías, en definitiva.

Una vez más se demuestra que si hay guión se puede realizar un filme intenso y atractivo. Apenas importa la frialdad de Cotillard o que Pitt, ya sea por mala cirugía o exceso de maquillaje, parezca estar encarnando a El hombre de la máscara de cera. Una vez salidos de Casablanca uno se aferra a la butaca para ver cómo narices termina todo.

Según los datos de taquilla del fin de semana La reina de España ha fracasado a pesar de estrenarse en alrededor de 300 salas. Más que por el boicot creo que habrá sido porque el público español espera más de su cine, ese “más” que ofrecen los nuevos directores y al que Trueba lleva décadas sin acercarse.

Tampoco los datos de Aliados han sido excesivamente buenos en su estreno en Estados Unidos. Y es que, a pesar de Zemeckis, quizás también haya llegado el momento de buscar nuevas y mejores estrellas.

Y, por supuesto, es mejor dejar en paz a Casablanca.