Revalidando la filosofía

Con estas idas y venidas en torno a la LOMCE y el poco probable pacto educativo es difícil encontrar a nadie más perdido que a los alumnos y profesores del Bachillerato español. Tenga o no validez académica, la próxima reválida de los de 2º será decisiva para que los futuros universitarios puedan o no acceder a la carrera universitaria de sus sueños.

Es pura barbarie que aún no se sepa nada sobre el asunto más allá de unos cuantos rumores bien aventados por la prensa más o menos oficialista. Por ejemplo, sobre si habrá o no preguntas tipo test o sobre si en Lengua por fin primarán la comprensión lectora y la expresión escrita. O sobre si por fin Filosofía será obligatoria en la prueba que sustituya a la Selectividad.

La Filosofía, disciplina mal entendida en nuestro país, fue una de las grandes perjudicadas por la LOMCE. Pasó a ser asignatura troncal en 1º de Bachillerato y optativa, solo para los alumnos de letras, en 2º como Historia del pensamiento filosófico. Nos quisieron vender la nueva ley como un intento de recuperar el saber, pero huele a podrido que, a la hora de hacer media, valga lo mismo Filosofía que la Religión de catequesis.

Si la Filosofía entrase en Selectividad nos toparíamos con la novedad de que entre sus contenidos hubiese una asignatura ajena al último curso escolar. Y los alumnos –como todos esos profesores que solo saben seguir un libro de texto– no están preparados para ello porque, por culpa de la desmotivación propia y los disparates ajenos, preparan sus exámenes a partir del silvestre sistema de la memoria bulímica, esa que luego te deja en blanco y sin conocimiento.

Por otro lado, la Filosofía en primero es una asignatura poco o nada aprehensible según los cánones imperantes. Abre –o, por lo menos, debe abrir– numerosas puertas a la concepción sobre qué entendemos por conocimiento, qué es el ser humano y sobre qué debemos hacer como individuos y en sociedad. Es una materia difícilmente evaluable, que debe invitar al pensamiento, inútil desde un test e inhumana desde el aprendizaje memorístico. ¿Cómo narices van a puntuarla en Selectividad?

Además, a menudo los filósofos se enfangan en la enseñanza de la disciplina a partir de terminachos y palabros complejos e ininteligibles que a la mayoría de los estudiantes les resultan tan extraños como el sánscrito –o, ya que estamos, el latín–. Al margen de lo absurdo de hacer las cosas así –lo que, como se está viendo, tiñe el asunto de inopinada e inconsciente tendencia suicida– en la reválida el asunto podría rayar en el más absoluto y catastrófico desastre.

Entre las noticias sobre la reválida que he leído estos días había una en donde el periodista (?) se quejaba de que el examen lo tendrían que hacer hasta los alumnos de ciencias. Gracias a los unos y los otros hemos conseguido que la Filosofía sea un ente tan extraño como los textos de Husserl o Wittgenstein –que, por cierto, entraba en la quizás extinta selectividad–.

¿Debe estudiarse la filosofía? Por supuesto que sí, pero de manera más accesible, mucho más amena, ajena a cualquier libro de texto y con la única intención de invitar al estudiante a razonar críticamente y enfrentarse al mundo con una capacidad más abierta a la hora de opinar y decidir. Filosofía para todos, pensamiento cercano tan difícilmente evaluable como reconfortantemente humano. Pero el tema no interesa ni a los que de arriba ni a la mayoría de los filósofos.

Decía Coucheau que no todo el conocimiento se puede evaluar, pero no por ello deja de ser conocimiento.