Memorables: Luna nueva

De la obra The front page de Ben Hecht se han hecho, creo, cuatro versiones cinematográficas. Y aunque gran parte de crítica y público se queda con Primera plana, dirigida por Billy Wilder, yo prefiero Luna nueva, rodada bajo la batuta de Howard Hawks y protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell.

La trama es harto conocida: el reportero estrella de una periódico va a casarse y, por ende, dejar la profesión. Pero justo cuando va a despedirse, su jefe le pide un último trabajo: entrevistar a un condenado a muerte para demostrar que es un pobre loco sin mayor culpa que la de no tener la cabeza en su sitio.

Cuando Charles Lederer escribió el guión de Luna nueva tuvo la gran idea de convertir al reportero en una mujer independiente, de carácter fuerte y el veneno del periodismo en sus venas. Y así, a la trama original, se une la subtrama de inopinado romance entre los dos protagonistas, ella deseosa de llevar una vida más normal, convencional, y él una suerte de tiburón a la caza de la noticia y del aumento de la tirada.

Luna nueva, como siempre que se trata la obra de Hecht, es una crítica mordaz al periodismo y, al tiempo, a aquellos políticos sin escrúpulos dispuestos a todo para conseguir un puñado de votos. En este caso, para más inri, a costa de la vida de un pobre diablo. Frente a ellos, los periodistas como representantes del cuarto poder capaces de poner freno a los desmanes y conformar algo mejor la opinión pública.

Pero esta comedia es magnífica, y sobresale por encima de sus hermanas, por la calidad de los diálogos, que se suceden con una rapidez rara vez vista en el cine. Maravilla ver a Cary Grant desatado, hablando y hablando con gracia mientras su cerebro no deja de maquinar.

Y a ello se une el último acto, el famoso del secreter, los periodistas, los políticos y demás personajes entrando y saliendo sin parar de la sala de prensa de la prisión.

Luna nueva es una de las mejores comedias de siempre. Al verla hoy en día uno siente cierta nostalgia por el tipo de periodismo que se fue para no volver, pero ello no impide que siempre se deje atrapar por el endiablado ritmo y por el humor que rezuma cada escena, humor tintado de crítica, de análisis. Y supongo que, al ser de 1940, es una película condenada al olvido por parte de la masa. Sin embargo, en todas sus facetas sigue siendo tan actual y brillante como el día en el que se estrenó.