Memorables: Lo que queda del día

"Miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir,/ miedo da tener miedo a tener miedo". Es inevitable recordar los versos de Gloria Fuertes cuando te enfrentas a un artículo y, cosas de la política, más que nunca estás convencido de que, entre rufianes e iglesias, vives en una sociedad esencialmente corrupta incapaz de vivir la democracia con sentido del respeto al prójimo y a la ley.

Por suerte, y aquí me acuerdo del Cyrano de Rostand, nos queda "cantar... soñar... reír, vivir, estar solo, ser libre"... a lo que sin duda ayuda el cine. Además, hay películas que nos invitan a la reflexión y, como espejo, deberían enseñarnos que en el pasado ya hubo enemigos de la democracia, de la libertad.

Lo que queda del día es la espléndida adaptación de la magnífica novela de Kazuo Ishiguro que dirigió James Ivory. En la película nos encontramos a un viejo mayordomo que recuerda sus experiencias de los años 30, cuando sirvió a un Lord de los de toda la vida.

Gran parte de la película sirve para retratar al fiel sirviente, ejemplo de la vieja Inglaterra, entregado a su deber hasta tal punto que renuncia a sus propios sentimientos. Lo que queda del día, en este sentido, es una de las más dramáticas historias de desamor que haya presentado el cine.

Pero la otra parte de la película es la realmente tenebrosa. Porque el señor del mayordomo defiende las ideas fascistas de Oswald Mosley, aquel sujeto que quiso que Gran Bretaña firmase la paz con la Alemania nazi.

El mayordomo, así, va viendo cómo por la vieja mansión donde trabaja pasan una serie de sujetos que, entre la conspiración y la vesania, defienden lo que hoy nos parece una aberración. Y el protagonista nunca toma partido, solo cumple con su deber, aunque intuye que su señor está en el bando equivocado.

Ese es el subtexto de Lo que queda del día. Como película es un soberbio espectáculo de impecable ambientación donde las interpretaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson elevan a la enésima potencia un espectáculo artístico de primer nivel.

Lo que queda del día es una gran película que además esconde mucho bajo su superficie. Ayuda a cantar, a vivir, a ser libre... y a pensar. Con obras como esto da mucho menos miedo coger la pluma.