El contable

Hemos visto tanto cine, hemos leído tanto, conocemos tantas historias… que resulta bien difícil encontrarse con algo mínimamente original. Hecho aún más destacable cuando tratamos del género de acción, donde los efectos especiales han conseguido que primen ruidos y fuegos de artificio sobre la trama, el armazón, la columna vertebral de la película.

Si tenemos en cuenta que desde Homero y discípulos apenas se ha inventado nada, es fácil darse cuenta de que, a la postre, lo diferente reside más en cómo se cuentan las historias que en el argumento en sí. Da igual que sea un chico conoce chica, héroe se enfrenta al mundo, joven se encuentra a sí mismo… al final todo se reduce a que el guión nos presente la historia de una manera sencillamente diferente.

El contable, recién estrenada, es una agradabilísima sorpresa. En principio nos cuenta una historia bien conocida, aún más con la sobredosis de superhéroes de los últimos tiempos: el protagonista supera sus propias taras para dedicarse a un trabajo donde nadie puede superarle; al tiempo, tiene una capacidad infinita para la autodefensa y el ataque, lo que le salvará la vida y, de paso, a los dos o tres que aprecia.

Así, a primera vista, con este personaje afectado por una variante del autismo reconvertido en un remedo de superhéroe gracias a su padre militar, parecía que me iba a encontrar con la ruidosa historia de siempre. Pero, él, un contable que trabaja para los grandes criminales del mundo, se tiene que enfrentar al mayor reto de su vida cuando comienza a auditar las cuentas de una afable empresa familiar norteamericana.

A partir de aquí El contable se desliza grácil, ágil y trepidantemente para, entre escenas de acción –bien rodadas–, acercarse más al thriller y a lo psicológico que a la rutina de siempre. Es un filme distinto en el trato del argumento, sorprendente, fresco, sólido en su trama y aún mejor en su resolución. Solo el drama familiar del final, unos pocos minutos sin mayor importancia, despierta al hipnotizado espectador del sueño del buen cine.

Tan reconfortante me resultó El contable que apenas me importó que la protagonizase Ben Affleck, aquí bien encasillado porque apenas tiene que gesticular. Tampoco que la sosa Anna Kendrick –no sé qué ven en ella los de Hollywood– sea su partenaire. Al margen del brillante trabajo de Jon Bernthal, en la película la historia se impone a las caras, a lo que sin duda contribuye el buen hacer de la dirección, montaje, banda sonora, etc.

El contable, en definitiva, no cuenta nada nuevo. O quizás sí, porque el trasfondo de inadaptación permite muchas lecturas. Filme inteligente, brilla gracias a un soberbio guión de Bill Dubuque que cambia las tornas y se aleja de los tópicos. La misma historia de siempre, pero reconfortantemente entretenida y refrescante.