Memorables: El largo viernes santo

En el cine hay dos listas canónicas: por un lado, aquellas que se consideran de imprescindible visionado, ya sea porque así lo han decidido crítica y/o premios; por otro, las que son tremendamente populares y así lo demostraron en taquilla. Hablar de cualquier filme que se salga de estas dos listas, en un foro como este, es arriesgadísimo, pues poca gente siente curiosidad por todo aquello que se salga de la norma.

El largo viernes santo, empero, es una grandísima película que, algún día, debería estar en cualquier lista de imprescindibles. Su primera media hora, según guión de Barry Keefe, es un alarde de contar sin apenas palabras, una invitación a una confusa trama policiaca que, a través del misterio, sustenta el resto del metraje.

A la postre, y se tarda en entender qué narices pasa, nos encontramos con que el gran capo de la mafia de Londres se enfrenta a un misterioso enemigo que amenaza el gran negocio que podría convertirle en alguien importante dentro de la sociedad londinense. El filme es una carrera contra reloj para que el antaño pandillero de barrio bajo pueda por fin codearse con políticos y alta sociedad.

A partir de ahí, con personajes reales, auténticos, veraces, el filme se estructura como cine negro a la inglesa, claro y lejano -la peli se estrenó en 1980- antecedente de los grandes títulos de Guy Ritchie, con una puesta en escena modélica que, además, nos devuelve a aquella época tan hortera como fueron los últimos 70.

Lo mejor de la película es la interpretación de Bob Hoskins, el protagonista, un personaje lleno de matices que muestra a un actor memorable, alguien tan puro -preparó su papel hablando con gángsters auténticos- al que quisieron, sin conseguirlo, doblar para el estreno de la película en Estados Unidos.

El largo viernes santo es puro cine negro, con escenas que en su día serían la quintaesencia de la violencia pero que, con el paso del tiempo y como ha sucedido con La naranja mecánica, ahora bien podrían considerarse para todos los públicos, porque en 2016 cuenta lo obvio, lo sangriento visible, y no lo subliminal.

Aparte, en la peli volvemos a disfrutar de la gran escuela de interpretación inglesa, desde Hoskins hasta el último secundario, pasando por una joven y encantadora Helen Mirren. Como anécdota, podemos ver a un jovencísimo Pierce Brosnan en un papelín en el que fue su debut en la gran pantalla.

Ajena a cualquier canon que concibamos, El largo viernes santo es una estupenda película. De vez en cuando hay que salirse de lo trillado, porque, como pensamos algunos, Heinrich Mann es más interesante que su premiadísimo hermano Thomas.