Dylan y el cine

Contando películas, series, videojuegos, documentales y vídeos de conciertos el nombre de Bob Dylan aparece en más de 600 bandas sonoras, según los datos de imdb. Lo más llamativo, probablemente, fue aquel soberbio docudrama, El último vals, que Martin Scorsese rodó sobre el concierto de despedida de The Band, nombre inseparable del reciente ganador del premio Nobel.

Pero, por regla general, estas apariciones, con su voz o adaptadas, son de sus canciones. Supongo que temas como Blowin' in the wind o The times they are a-changing se han escuchado en un sinfín de películas, a veces con intención y otras con motivos meramente ambientales.

Escribir propiamente para el cine Dylan solo lo hizo una vez, cuando compuso la banda sonora de Pat Garrett y Billy el Niño, sobresaliendo, más que el papelín del propio cantante, ese Knocking on heavens door, una de sus peores letras para una de sus canciones más versionadas. La música es lo mejor de una de las pelis más flojas de Sam Peckinpah.

De todas maneras, como ha sucedido con otros cantantes, el uso masivo de temas de Bob Dylan en el cine llegó con el cambio del siglo. Aparte de haber ganado un Oscar por su canción Things have changed en Wonder Boys, cada cuatro o cinco películas resulta inevitable escuchar algún tema, más o menos viejo, del gran cantautor.

Estos pertenece a un fenómeno del que ya he hablado en numerosas ocasiones: a falta de talento se recurre a canciones clásicas con las que adornar los inevitables videoclips que entorpecen el desarrollo dramático del argumento. Si alguien hiciera un estudio, entre los Beatles, los Rolling, Dylan y AC/DC habrían aportado canciones a más del 75% de los títulos nacidos en Hollywood.

Entre lo que se refiere al propio Dylan, me quedo con tres momentos cinematográficos: a Jenny (Robin Wright) cantando desnuda, solo cubierta por la guitarra, Blowin' in the wind en Forrest Gump; a Kevin Spacey haciendo pesas en American Beauty al son de All along the watchtower y, por supuesto, el himno Hurricane en Huracán Carter.

Pero seguro que hay muchísimos más momentos memorables que cuenten con el valor añadido de una canción de Dylan.