Un monstruo viene a verme

Con solo tres largometrajes, J.A. Bayona es uno de los directores españoles con mayor proyección internacional. El orfanato recaudó más de 20 millones de euros en España y de 7 de dólares en Estados Unidos. Lo imposible cautivó a medio mundo y consiguió que Naomi Watts fuese candidata al Oscar a la mejor actriz. Y el realizador barcelonés ha sido seleccionado por Steven Spielberg para dirigir una secuela de Jurassic World.

Lo curioso es que Bayona, más allá de El orfanato, triunfó con un drama intenso y sensiblero en Lo Imposible. Sí, maneja como pocos los efectos digitales, pero la historia de la familia que sobrevive a un tsunami era un intenso filme de lágrimas y emociones dignas de una película minoritaria. Bayona, audazmente, supo combinar lo taquillero con lo sensible.

Algo semejante ha logrado con Un monstruo viene a verme, estrenada en España y que ahora comenzará a ver mundo hasta su gran estreno en Estados Unidos en enero del año que viene. Aquí, con el perfecto maquillaje de un monstruo espléndidamente diseñado y aún mejor construido a golpe de ordenador, nos cuenta un dramón sobre un niño con problemas familiares y escolares.

No conozco la novela de la que ha surgido la película, pero sin monstruo, sin los paréntesis de animación que, como al chaval, ayudan a evadirnos del dolor, estaríamos ante una historia insoportablemente veraz, más propia de una sobremesa frente a la tele que a dos horas en una sala de cine.

Bayona, gracias a un buen guión y su manejo de la cámara y del tempo narrativo, entrega una película entretenida que, sin ocultar nada, nos enfrenta con la esfinge de la muerte, de la enfermedad, del bullying, de, en definitiva, la soledad para, lejos de amargarnos, entregarnos a una formidable catarsis de lágrimas y recuerdos, de memorias y llantos.

Lo ha vuelto a hacer: de lo sensible minoritario ha construido un monumento taquillero. Curiosamente, algunos críticos han puesto en duda que Bayona provoque tantas lágrimas. Pero el llanto de cine auténtico, ese que libera y purifica en homenaje a las querencias de Aristóteles, es tan complejo de conseguir como la risa liberadora.

Por otra parte, Bayona –cuyo principal defecto es rodar demasiado poco, o demasiado lento, que todo es posible– vuelve a demostrar su capacidad para dirigir actores. Aquí, como en Lo imposible, consigue que el chaval Lewis MacDougall dé una lección interpretativa de primer orden. Gracias a él, al monstruo, al resto del elenco, a Bayona, el espectáculo catártico es puro, conmovedor, estremecedor, reconfortante.

Debo reconocer que no me apetecía nada ir a ver Un monstruo viene a verme, otra película con niño. Pero consiguió vencer mi pereza y sumergirme en una película tan intensa como emotiva. Otro gran título para un director al alza que, repito, quizás haga demasiado poco cine. Una pena… perfectamente perdonable si sigue haciéndolo tan bien.