Memorables: El club de los cinco

Hay películas que el tiempo coloca en su sitio. El club de los cinco, sorprendente éxito de 1985 que nació como mera película de adolescentes, se ha convertido en un clásico, es decir, ha superado el paso del tiempo al mostrarnos el mundo del estudiante de un instituto con lucidez y espíritu visionario. Pocas veces se ha mostrado tan brillantemente el alma de los estudiantes de instituto.

El presupuesto de El club de los cinco fue de un millón de dólares. Y superó ampliamente los 40 de recaudación en todo el mundo. El director y guionista John Hughes, en su segundo filme, optó por una estructura cuasi teatral para mostrar un pequeño rincón del universo colegial: por un castigo cinco estudiantes tendrán que pasar el sábado en el instituto bajo la supervisión del amacarrado jefe de estudios.

Y cada uno de esos cinco, como la película reconoce, responde a un particular estereotipo: el malote, la popular, la paria, el empollón y el atleta. Pero a lo largo del guión veremos cómo detrás de cada uno de ellos hay un alma confusa, compleja, en un retrato que, inconscientemente, nos preparaba para el tormentoso mundo adolescente que se nos venía encima.

La primera media hora de El club de los cinco es incómoda. El estudiante macarra, el futuro presidiario encarnado en Judd Nelson, se muestra omnipresente en su antipatía, quizás fingida. Pero luego el filme despega, con algunas escenas puramente ochenteras -como la de los canutos-, hasta culminar en ese "círculo", que fue improvisado por los propios intérpretes, en el que los personajes se confiesan al resto y al público en general.

Aparte de las buenas interpretaciones, de los acerados diálogos, del impecable dominio de la escena de Hughes, lo portentoso de El club de los cinco es su capacidad profética: antes de que psicólogos y pedagogos invadiesen las escuelas, en la película se nos muestran todos esos conflictos -la incapacidad para encajar, la hiperactividad, el acoso escolar, etc.-  de los que tanto se habla hoy en día.

Pero bajo todo el largometraje subyace el sempiterno conflicto entre jóvenes y mayores, entre hijos y padres, en una historia tan entretenida como cargada de hondura, de esas reconfortantes pues invitan a la reflexión.

Ya una película de culto, quizás anticuada en sus secuencias con aspecto de vídeo musical, El club de los cinco es buen teatro llevado al cine, una joya que rezuma tensión dramática y nos presenta a cinco chavales cualesquiera que, con el paso del tiempo, pueden servir de espejo a millones de estudiantes del siglo XXI.

P.S.: Esta película está llena de citas memorables. Por ejemplo (y parafraseo), "Todos somos bastante extraños, solo que algunos somos mejores ocultando nuestras rarezas".