Entre la anécdota y lo académico

¡Por fin una noticia! La crisis del PSOE, con dimisiones masivas y confusiones varias, parece sacarnos del estupor político en que, favorecido por múltiples factores, aparentemente nos habíamos instalado en claro homenaje al cinematográfico “Día de la marmota”. Una noticia de tamaña magnitud nos ha cogido por sorpresa, pues el pensamiento del siglo XXI yace bien sumergido bajo lo anecdótico y lo académico.

Vayamos por partes:

A primera vista, lo del PSOE, y lo del PP, invita a la reflexión sobre cómo Pedro Sánchez o Mariano Rajoy pueden –o podía, en el caso de aquel– tener tanto poder dentro de sus respectivas formaciones. La Constitución establece el funcionamiento democrático de los partidos, pero aquí los líderes funcionan como los viejos tiranos de los totalitarismos del siglo XX. Dicen algo y los demás obedecen, sin moverse demasiado no vaya a ser que rueden cabezas.

Pero en lugar de entrar en los terrenos del análisis enjundioso, el periodismo predominante juega a resaltar qué dijo este o qué respondió aquel. El periodismo debe retratar lo que acontece en el día a día, lo que es noticia de actualidad. Pero no es lógico que se limite a reflejar las simples palabras o los hechos hueros. Para entendernos, la información imperante responde al mismo canon que el peor periodismo deportivo: por ejemplo, si hace dos semanas el Real Madrid tenía la mejor plantilla del mundo ahora destaca su falta de contundencia… por un par de mediocres resultados.

Así, en segundo término, uno podría esperar que la falta de hondura en el periodismo se viera compensada por el mundo universitario, por algún foro donde hubiese pensadores de verdad. Pero, aquí y en todas partes, lo académico se ha convertido en una suerte de reflexión onanista donde en cualquier trabajo importa más la lista de referencias bibliográficas que el contenido.

Así, en principio, se frena la creatividad, el acercamiento original a la realidad que nos circunda. Por si fuera poco, como ya casi todo está dicho, hay que buscar lo creativo en miradas estrambóticas sobre cualquier tema. Por ejemplo, como sobre el Quijote ya está dicho casi todo, se hacen estudios sobre la posibilidad de que Cervantes fuese catalán o inglés, y todos tan panchos.

Lo peor del fenómeno es que son precisamente estos exabruptos los que alcanzan un mínimo de notoriedad. El buen trabajo universitario está condenado a la oscuridad del fondo de las bibliotecas y los repositorios, con el añadido de que rara vez se crean trabajos auténticamente originales, creativos, distintos, innovadores -cuando lo son obtienen malas calificaciones-.

Precisamente, una de las principales carencias de la España actual –y del mundo entero– es la inexistencia de un amplio cuerpo de pensadores de primer nivel que sepan analizar, resumir, razonar y, sobre todo, explicar lo que nos pasa.

Menos anécdotas del día a día, menos referencias a pensadores de medio pelo. Hoy, en 2016, necesitamos NUEVOS intelectuales de altura, gente que como Unamuno, Madariaga, Ortega, Galdós, etc. (1) se atrevan a mirar a la esfinge a la cara y decirnos la verdad sin atender a índices de audiencia o popularidad ni a las mayorías bastardas de las redes sociales.

Así, me gusta creer, ni Sánchez ni Rajoy tendrían tanto poder. Más bien al contrario: jamás habrían llegado tan alto.

(1) No hay ediciones de la obra completa de Unamuno o Madariaga. Y apenas hay compilaciones de artículos de ninguno de nuestros grandes intelectuales de los últimos dos siglos. Mala memoria para un futuro repleto de oquedades.