El hombre de las mil caras

Algunas cosas están cambiando. Por ejemplo, mientras en Hollywood siguen con superhéroes o innecesarios remakes de grandes películas como Ben-Hur o Los siete magníficos, en España se comienza a hacer cine que interesa al público. El pasado fin de semana mi primera (y única) opción fue ir a ver El hombre de las mil caras.

En primer lugar, porque después de La isla mínima quería comprobar si Alberto Rodríguez es realmente un director a tener en cuenta. Aparte, su nueva película está protagonizada por Francisco Paesa, Luis Roldán, etc. personajes de la historia reciente de España, algo que siempre añade atractivo a cualquier producción.

El hombre de las mil caras, en principio a medio camino del biopic o el docudrama, se articula como una película de timo. Paesa, aquel famoso espía que generó tantos bulos como medias verdades, se venga en la persona de Roldán para hacerse con un dinero que, según se cuenta, le debía el gobierno de Felipe González.

Así, más allá de un simple repaso a la Historia, el filme cuenta con un sólido y entretenido argumento. La primera media hora, con el personaje de José Coronado resumiendo los antecedentes de Paesa, es un alarde de ritmo y vigor narrativo. Enseguida te metes en la historia al tiempo que comienzas a recordar.

Y luego, a pesar de que quizás le sobren unos 20 minutos, vemos cómo el protagonista se va camelando a propios y extraños en un plan que, a pesar de ser conocido por muchos, solo termina de desvelársenos en un desenlace tan satisfactorio como cómico y revelador.

Rodríguez, más allá del manejo del guión y de la cámara, vuelve a mostrarse como un gran director de actores. Nunca había visto a Eduard Fernández tan convincente como en la piel de Paesa. José Coronado y Marta Etura responden con eficacia al enorme carisma del protagonista. Sólo algún personaje terciario y Roldán rechinan dentro del buen hacer del elenco. Y en el caso de este último porque el personaje, un payaso triste digno de compasión, queda bien lejos de aquel tipo grotesco que engañó a media España antes de (presuntamente) quedarse sin una peseta.

El hombre de las mil caras es altamente recomendable porque es una gran película y porque, además, retrata un episodio –ciertamente esperpéntico– de nuestra historia reciente. Algunos echarán en falta una mayor profundización en la corrupción de Roldán y compañía. Pero hay que recordar que el buen cine, como en este caso, cuenta historias y no suelta panfletos. Aún más, se agradece la mirada neutra, poco o nada sesgada, de Alberto Rodríguez.

Algunas cosas están cambiando. Ya hasta hacen cine que dirá cómo era España al público de dentro de medio siglo. Como Bienvenido Mr. Marshall pero con la ventaja de que, aquí, la peli se basa en hechos reales que a casi todos nos recordarán unos tiempos no tan distantes –ni literal ni metafóricamente– de los que actualmente sufrimos.