1984

Aunque el contexto haya cambiado enormemente, y en ciertos aspectos estén un tanto trasnochadas, las tres grandes novelas distópicas de mediados del siglo pasado –Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y 1984– han superado el paso del tiempo para devenir en clásicos indispensables. Aún más, su carga crítica del mundo va creciendo según cambian las circunstancias del caos en el que, de alguna manera, nos sobrevivimos.

1984 es una de las obras maestras de George Orwell. En ella plantea un mundo dominado por un partido único en lo que en su día fue una severa sátira de los totalitarismos del siglo XX. En cierto modo, la pequeña odisea de Winston Smith, el protagonista, consiste en cómo un sistema político puede someter al individuo, eliminar a la persona.

Algunos de los temas de la novela, como la guerra perpetua o el partido único, pueden –o no– considerarse más o menos superados. Pero otros puntos del libro gozan de más actualidad que nunca:

1. La frase más famosa del libro es “Big Brother is watching you”. Ciertamente, nunca antes los poderes fácticos habían tenido medios tan eficaces para controlar prácticamente todas nuestras acciones. Aún más, es sobrecogedor lo mucho que saben de nosotros las grandes compañías de telecomunicaciones y los gigantes informáticos. Son muchos los hermanos mayores que nos vigilan.

2. La policía del pensamiento de 1984 busca una tecnología que permita descubrir qué piensan los ciudadanos/súbditos. Aparte, en la novela cualquier palabra o gesto inapropiados puede llevarte a la muerte. Ahora, más bien, todo consiste en eliminar la capacidad de pensamiento crítico para establecer pensamiento único.

3. Ahí entra el “neolenguaje” ideado por Orwell, un nuevo idioma que, a partir de la drástica reducción de palabras, quiere eliminar los matices, las infinitas posibilidades de la lengua para jugar con los conceptos y volar en las metáforas.

Ahora, asistémáticamente, la dictadura de lo políticamente correcto también condena ciertas palabras, y pretende imponer cierta manera de hablar que trasciende ampliamente la igualdad de género. En 2016, gracias a este particular neolenguaje, de partida existen algunas posiciones más deseables que otras, actitudes superiores a priori… de manera que se coarta inmensamente la libertad del individuo.

4. El poder totalitario de 1984 tergiversa sistemáticamente la Historia para que parezca que el gobierno siempre ha tenido razón, de manera que si cambia el enemigo de la guerra eterna, se cambian los libros para que parezca que siempre se ha estado en guerra contra los mismos.

De manera análoga, ahora los políticos pretenden que olvidemos que tienen un pasado, que han cambiado de ideas, que han realizado actos condenables… y que siempre han sido tan maravillosos como en el presente.

Al asunto ayuda considerablemente el maltrato que la Historia y el resto de las áreas humanísticas reciben en nuestro sistema educativo. Están al borde de la extinción.

En cualquier caso, lo ideal es abrir 1984, lectura deliciosa a pesar del capítulo larguísimo que reflexiona sobre la naturaleza de la dictadura imperante. Es una novela lúcida mas tenebrosa, una obra maestra que nos advierte de numerosos peligros que, inopinadamente, han conseguido que la distópica fantasía se parezca enormemente a la realidad. Sobre todo porque el sometimiento o exterminación de la individualidad, de la auténtica libertad, no parece tan lejana como nos gustaría pensar.

Quizás se haya convertido en una novela de terror.

P.S.: Los eslóganes del partido único de 1984 son “Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza”, que se entienden mejor si se les da la vuelta. Pasando del primero, el esclavo cree que es libre porque no conoce otra cosa más allá de su propia esclavitud. Lo de que la ignorancia del pueblo da fuerza a los gerifaltes se explica por sí solo.