Reválida: realidad y utopía

Nunca se había iniciado un curso escolar tan incierto y caótico. La situación de no-Gobierno, sin aparente solución, se une a una ley educativa, la LOMCE, que ya ni siquiera parece convencer a sus propios perpetradores. Estamos ante un mayúsculo despropósito legislativo de inconmensurablemente desastrosas consecuencias.

Lo más llamativo es el asunto de las reválidas. Si le explicas a alguien en Europa que hemos comenzado el curso sin saber cómo se examinará a los alumnos de 4º ESO y 2º Bachillerato, te tomará por loco. Pero así están las cosas, con los profesores y alumnos esperando a ver qué narices decide el Ministerio para diseñar y programar el dichoso examen (1).

Al final la reválida no distará mucho de la Selectividad y será un examen muy dirigido y muy digerido que permitirá muchos aprobados y que 2º de Bachillerato siga siendo una preparación de oposiciones y no el curso culminante de la educación secundaria.

Este año las reválidas de 4º y 2º no tendrán validez para que los estudiantes obtengan, respectivamente, los títulos de ESO y Bachiller. Pero la de 2º seguirá siendo pieza esencial a la hora de elección de universidad y carrera –en lo que resulta uno de los sistemas más injustos del mundo–, pues las universidades no han hecho nada para preparar sus propias pruebas de acceso.

Más allá de lo que perjudique a 6º Primaria y 4º ESO, la LOMCE no cambiará nada en lo del acceso a la universidad. Y en todo lo demás, por lo que llevo visto –desde las trincheras– es ley aún peor que sus predecesoras, lo que parecía imposible desde un sentido racional de la existencia.

Así, vivimos tiempos de absoluta confusión. Quizás habría que decidir de una vez por todas cambiar radicalmente las cosas. ¿Reválidas? Quizás, pero siempre con las siguientes condiciones:

- Que los exámenes sean los mismos para todos los españoles y así evitar que se genere desigualdad según la procedencia de cada cual.

- Que los exámenes no sirvan para obtener los títulos escolares, que se conseguirían automáticamente al aprobar TODAS las asignaturas del periodo correspondiente.

- Que dichas pruebas solo sirvan para, en la de la ESO y la del Bachillerato, para acceder al siguiente periodo académico –pero sin generar nota de corte–.

- Que su estructura sea bien amplia y general para evitar que los cursos correspondientes se conviertan en mera preparación de un maldito examen.

- Que su resultado sea únicamente apto/no apto.

- Que se creen métodos de acceso a la universidad a partir de otras pruebas y, sobre todo, de los méritos –voluntariado, prácticas deportivas y laborales, participación en concursos y competiciones de toda condición, y un eterno etcétera– que cada alumno vaya acumulando a lo largo de su recorrido escolar.

Mi propuesta, nada definitiva, gustará más o menos pero, en este país, es completamente utópica. De momento, seguiremos en el caos, hijo de la inepcia de los políticos, que sufre toda la comunidad escolar.

(1) Mientras tanto, casi todas las Comunidades Autónomas se niegan a acatar la ley estatal, lo que muestra de nuevo que esto no es un Estado de Derecho.